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LA FESTA D'ELX |
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Presentación
Rafael Navarro Mallebrera En más de una ocasión he afirmado que Andreu Castillejos es uno de los artistas figurativos más interesantes y de mayor entidad del panorama español. El hecho que utilice como medio de expresión indistintamente la pintura, la fotografía o ambas a la vez, es anecdótico. No lo es tanto el hecho que haya vinculado una gran parte de su reflexión fotográfica a un determinado tema, La Festa, cuando en España el pensamiento estético alrededor de la fotografía es todavía, a pesar de los voluntariosos trabajos teóricos llevados a cabo, quimérico. Tengamos presente que hasta la segunda mitad de los sesenta no comienza a publicarse una escasa producción de literatura fotográfica, en su mayor parte estudios de tipo histórico, a la que sucederá en la década siguiente la traducción de obras fundamentales del pensamiento estético fotográfico, lo que hace que aún hoy el fenómeno de la fotografía artística se encuentre huérfano de una literatura teórica propia, lo que comporta una dificultad enorme para su estudio. Por otra parte, la Festa d'Elx, con todos sus estudios, premios, honores y distinciones de las últimas décadas, se nos aparece casi como un género artístico, carente al mismo tiempo de un estudio plástico, pero sobre el que cualquier visión se da por sobreentendido que no puede ser otra cosa que un simple testimonio, relegándose cualquier actuación en este campo a la mera reflexión historicista. Pienso que esta exposición hace patente justo lo contrario, parodiando a Baroja, Andreu Castillejos nos enseña que «la fotografía que intenta ser reflejo de la vida debe tener las soluciones de la vida». Esta no es la Festa d'Elx. Lo han adivinado, Andreu trata, a través de una anécdota, la Festa d'Elx, de incurrir en la conocida proyección del autor en sus creaciones, aquello de que «Madame Bovary c'est moi». Posiblemente, el primer y más complicado peldaño a salvar en la exposición radique en ser capaces de asumir que encontrar en estas fotografías lo que percibimos cada agosto en las calles de Elche, o en Santa María, es un ejercicio tan difícil como lo es identificar aquella insatisfecha dama de provincias con el bigotudo misántropo de Rouen. Se ha dicho que ideas i opiniones constituyen el presente de la experiencia artística. Maticemos. La fotografía de Castillejos consiste en la actuación de estas ideas i opiniones, lo que equivale a decir —en un plano estético independiente del argumento— que las fotografías de La Festa d'Elx de Andreu Castillejos no son fotografías de la Festa como Festa en ellas mismas, como otra Festa, con esa objetividad distinta que asume el arte contemporáneo. La personalidad creadora de Andreu Castillejos se impone constantemente por encima del modelo, transgrediendo conscientemente la legalidad para mostrarnos su pensamiento estético. |