LA FESTA D'ELX
Andreu Castillejos

 

La Festa d'Andreu Castillejos

 

Joan Castaño
Biel sansano

Los testimonios gráficos de la Festa d'Elx anteriores al siglo XX se reducen a un dibujo de factura popular que encabeza el romance anónimo,  publicado en el año 1846, que relata el hundimiento accidental de la tribuna del Ayuntamiento sin ningún herido de gravedad en la celebración del 15 de agosto de 1840, en el que se muestra de forma ingenua la disposición escénica del Misteri.

Tendremos que esperar hasta el año 1900 para encontrar publicadas las primeras fotografías de la representación que corresponden a la del agosto anterior. Se trata de un conjunto de ocho fotografías que Herbert Vivian utilizó para ilustrar su reportaje «An opera in a Cathedral», que vio la luz en la revista inglesa The Will World Magazine, y que conocemos gracias al coleccionista ilicitano Josep Antoni Carrasco, quien consiguió localizarlas recientemente. Son imágenes espléndidas de las Marías, de los apóstoles, del torno del cielo, de la procesión de la Virgen por las calles de la ciudad (cuatro vistas) y, finalmente, de la llegada de la Mangrana al cadafal, fotografía realizada desde la citada tribuna municipal.

Al año siguiente, en 1901, motivado seguramente por la visita y las iniciativas del musicólogo tortosino Felipe Pedrell, el historiador ilicitano y fotógrafo ocasional, Pedro Ibarra, decidió retratar personalmente la Festa. Solía utilizar la técnica fotográfica como herramienta auxiliar en sus estudios históricos y, de hecho, tras su muerte legó al Ayuntamiento de la ciudad más de mil placas fotográficas de vidrio con imágenes de Elche, gran parte de las cuales han desaparecido y sólo unas pocas están actualmente localizadas en manos privadas.

Ibarra fotografió con detalle el montaje del cielo desde las terrazas de Santa María y también desde balcones y cornisas del templo algunas escenas de la representación venciendo, de alguna manera que aún desconocemos, la dificultad de la falta de luz en el interior de la iglesia. Años después, con motivo de la restauración de la Festa del 1924 reprodujo i comentó algunas de esas imágenes en su Album de fotografías y descripción de «El Misterio de Elche» («La Festa»), que se repartió a modo de guía gráfica para los espectadores. Una guía original i poco conocida que el año pasado recuperamos con el apoyo del Patronato del Misterio de Elche.

También el fotógrafo ilicitano Hermógenes Esquembre nos legó algunas imágenes de la Festa de los años veinte: San Juan, San Pedro, Santo Tomás, las Marías, un grupo de apóstoles i judíos posando todos ellos a las terrazas de Santa Maria— y también la tramoya aérea y las bajadas de la Mangrana i del Araceli.

Asimismo, la dificultad de fotografiar la Festa mediante aquellas primitivas técnicas quedó reflejada cuando en el año 1935 el Patronato de la Festa —creado a la raíz de la declaración de la obra como Monumento Nacional—, organizó un concurso de fotografía con la intención de iniciar un archivo de imágenes que pudieran servir al organismo para sus publicaciones divulgativas o propagandísticas. De este año es la colección de doce imágenes tomadas por Jaime Antón Soriano —años después, director artístico de la revista Festa d'Elig— desde el púlpito de la epístola de Santa María, que nos permiten conocer la nueva disposición escénica de la Festa y la recuperación de la entrada de los judíos.

En los años cuarenta ya son más abundantes las fotografías, dado que la evolución técnica permitía captar un mayor número de detalles, aunque algunas escenas, como por ejemplo, la coronación final, se resistían. Así lo manifestaba el investigador José Pomares Perlasia que en 1957 ilustró su libro La «Festa» o Misterio de Elche con un apéndice de más de cincuenta fotografías, toda una innovación en los estudios sobre la obra ilicitana.

No obstante, las primeras fotografías en color no llegan hasta 1954. Como no podía ser de otra manera, fueran realizadas por un forastero, ya que en nuestro país el color, en aquella época, todavía era una aventura. Concretamente, por la profesora norteamericana Roma Hoff, que estuvo entre nosotros en las primeras representaciones extraordinarias de la Festa y en los otros actos circundantes del 31 de octubre y del 1 de noviembre de aquel año. Unas fotografías que hace poco hemos conocido gracias al trabajo de divulgación e investigación de la Festa que lleva a cabo Hèctor Càmara a través de Internet (www.lafesta.com).

Aparte de las colecciones fotográficas citadas, la revista Festa d'Elig es un testimonio excelente de cómo hemos retratado la ciudad y la Festa a lo largo de las décadas de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, de cómo han evolucionado los puntos de interés a través de casi cuarenta años. Se trata de imágenes que, en un afán de síntesis, se centran en los momentos y personajes más representativos, espirituales, simbólicos, de una forma de entender la obra: la Virgen, San Juan, San Pedro, la Mangrana, el Ternario, etc. Es una visión que algún día merecerá estudiar con atención para ver cómo ha ido cambiando, evolucionando, nuestra manera de mirar.

A partir de finales de la década de los años sesenta y, sobre todo, de los setenta algunos fotógrafos locales encuentran en la Festa una fuente de inspiración y nos muestran por medio de exposiciones y publicaciones su visión personal, íntima, «objectiva», de la representación: Julián Fernández Parreño, Joaquín Portas, Paco Cascales, Rubén Sempere, María Ángeles Sánchez, Pere Deltell, Vicent Penalva, Loli Garcia, José María Ruiz, Jaime Brotons... y tantos y tantos otros que, a través de sus ojos, nos han ofrecido y nos continúan ofreciendo nuevas imágenes de la representación. A la postre, nuevas lecturas de la Festa.

Uno de estos fotógrafos, quizá el más prolífico y singular, el que representa una obra más personal, es Andreu Castillejos. Aquellos que suelen vivir la Festa cada año, pueden dar fe de su presencia habitual alrededor de la representación. Una presencia menuda e inquieta, pero muy respetuosa con la Festa y con sus protagonistas, que abarca todos los rincones del templo, el cielo y la tierra, los balcones i los púlpitos, las calles y la ermita de San Sebastián. Seguramente Castillejos es uno de los precursores en ofrecernos una visión subterránea y propia de la representación, uno de los pioneros en sacar a la superficie de la fotografía «las otras festes» que hay en la Festa, los otros personajes que también actúan en la Festa, a pesar que no tengan un papel y una máscara. O el primero en captar la anécdota cotidiana de los personajes celestiales en sus debilidades más humanas. El primero en aprehender plásticamente el ritual centenario de la fiesta de todo un pueblo.

Sus imágenes, en blanco y negro o en color, con una técnica o con otra, con aquella luz tan íntima que él sabe captar, nos muestran siempre detalles de la celebración a los que no habíamos prestado atención y, sobretodo, remarcan claramente la unión indisoluble entre el pueblo de Elche y su Festa. Unas veces, la mirada del fotógrafo se detiene sobre el andador o el cadafal, sobre los artefactos, para captar la espontaneidad de los niños-ángeles o Marías y los hombres apóstoles o judíos; otras, Castillejos dirige su objetivo al público que participa y hace posible la representación: los niños-espectadores —el futuro de la Festa— que con su inocencia invaden la «escena», o los hombres y las mujeres del pueblo que lloran al vivir la Festa, que la explican a sus hijos y nietos, o unos y otros asediados, derrotados, por el rigor de la canícula al interior del templo.

Castillejos, miembro del Patronato de la Festa, a pesar de su escepticismo, se maravilla y nos maravilla al sorprender momentos simbólicos y anecdóticos de todo un pueblo, cada uno haciendo su papel, alrededor de la Assumpta, como si fueran círculos concéntricos que salen de la Virgen y que van ampliándose. Primero los cantores, mayores y pequeños, y después los espectadores que son también protagonistas fundamentales de la obra. Todos unidos porque todos son —todos somos— imprescindibles para hacer posible año tras año, generación tras generación, la Festa. Esta Festa, vieja por siglos, pero nueva cada año, de la que la obra fotográfica de Andreu Castillejos es un testimonio espléndido y excepcional, que no sólo ha creado escuela, sino que ha fijado en la retina de generaciones de ilicitanos y de espectadores/lectores imágenes de la representación que han tenido una divulgación internacional. No es exagerado afirmar que la obra de este fotógrafo ha contribuido decisivamente a difundir y popularizar la Festa d'Elx. Fotografías como el cortejo mariano en la puerta Mayor de Santa María, la María arrodillada sosteniendo la palma o los apóstoles y los judíos con las manos alzadas bajo una lluvia de oropel tras la coronación de la Virgen, resultan ya una referencia obligada en la iconografía de diversas generaciones y son identificadas perfectamente por todos nosotros.

Es cierto que Castillejos fotografía las intimidades de la Festa y, como también hemos dicho, el pueblo que vive y hace la fiesta de la María Asunta: las calles, los preparativos a la ermita de san Sebastián, el cortejo, los momentos previos, los posteriores, la actividad de las tramoyas, el trasiego del cielo y, sobretodo, el diálogo constante entre representación y vida cotidiana, entre actores y público, entre cantores y tramoyistas. Posiblemente Castillejos es el mejor testigo del diálogo vulgar y mágico, cotidiano y centenario, ritual, que envuelve la Festa d'Elx.

Si este es el fotógrafo de las luces, es menester decir que también lo es de las obras sobre la Festa, de los claroscuros que tienen tanta potencia en sus ojos. Castillejos ha creado escuela y ha sido seguido en esta insistencia de mirar a los que miran, de sorprender el gesto, la intimidad, la atmósfera terrenal i humana de la basílica i de la representación. De hecho, sus temas fotográficos han sido seguidos por otros fotógrafos que han descubierto en la obra de éste nuevas formas de aproximarse, de tratar, de mirar en definitiva, la Festa.

Su trabajo constante, desarrollado a lo largo de casi cuatro décadas, ha quedado reflejada en multitud de imágenes impresas en cárteles, calendarios, revistas monográficas, exposiciones, etc. O también se puede apreciar en su participación en proyectos tan emblemáticos como el Llibre de la Festa d'Elx que fue editado por Manuel Pastor en 1984. Con textos de Gaspar Jaén i Urban, por medio de las letras y las imágenes, se nos mostraba el Misteri como la Festa comunitaria de los ilicitanos, como la expresión viva más importante de la existencia de un pueblo. Este continua siendo uno de los mejores libros realizados nunca sobre la Festa.

También participó en la exposición «Món i Misteri de la Festa d'Elx» impulsada desde la Generalitat Valenciana en 1986, en la que mediante una importante labor de ingestación como deben tener las exposiciones que pretenden ser rigurosas, se presentaba el mundo que había hecho y que hacía posible la Festa d'Elx. O más recientemente, en 2004, sus imágenes sirvieron de base al libro Elche: palmeral y Misterio, con textos de Gaspar Maciá y Vicente Molina Foix, que el Ayuntamiento de la ciudad ha patrocinado para conmemorar la declaración de los huertos de palmeras y de la Festa d'Elx como Patrimonio de la Humanidad.

Finalmente, es necesario consignar otra de las características que, junto con su maestría y ejemplo discreto, singulariza su carácter personal: la generosidad. Siempre que alguien ha tocado la puerta de su casa para buscar imágenes de la Festa para cualquier artículo, reportaje o exposición, ha encontrado la colaboración altruista de Castillejos. Muchas veces, el fotógrafo únicamente ha recibido el silencio sobre su trabajo, cuando no los actos de piratería intelectual. Es por todo eso que encontramos muy acertada la iniciativa de esta exposición antológica del trabajo de un fotógrafo excepcional en la historia de Elche.

En esta ocasión el fotógrafo ha reunido en el Centro de Congreso una selección representativa del trabajo realizado a lo largo de casi cuarenta años: sesenta imágenes, en blanco y negro y en color, con medidas y técnicas diferentes. El público asistente quedará seducido ante las fotografías por diversos motivos. Unos, porque podrán identificar imágenes que ya forman parte del patrimonio iconográfico de la Festa y de los ilicitanos; otros, porque descubrirán un artista excelente; y otros, que ya conocen el rigor y la calidad del trabajo de Castillejos, podrán ver una docena de imágenes poco conocidas o que no se han expuesto ni editado nunca. Al fin y al cabo, una ocasión única para evaluar i apreciar la obra de un fotógrafo inseparable de la iconografía de la Festa.

 

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