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3.2.
La organización
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3.2.1.
Cofradía de Nuestra Señora
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Aunque desde el punto de vista musical, filológico y escénico el origen de la Festa d'Elx se situa hacia la segunda mitad del siglo XV, no encontramos ninguna referencia documental hasta bien entrado el quinientos. De esta forma, la noticia más antigua que conservamos la encontramos en una cláusula del testamento de Isabel Caro del año 1523, en la que se comenta como cada año en la víspera y el día de la Asunción los religiosos de la villa realizaban una «grandíssima festa e solepnitat» dentro de la iglesia de Santa María con la imagen de la Virgen que la testadora poseía en su casa. Parece ser que en los primeros tiempos la |
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representación —al igual que el resto de cultos dedicados a a la Virgen— estaba a cargo de las familias de la pequeña nobleza local, entre las cuales destacaban los Caro y los Perpiñán. Sin embargo, no es hasta el año 1530 cuando encontramos una referencia en las actas del Consejo, en las que se especifica claramente la existencia de una representación en honor de la Asunción de la Virgen que era organizada por una Cofradía de Nuestra Señora, integrada por esta nobleza local de la que hablábamos. El Cabildo del 26 de noviembre nos informa de cómo el Consejo otorgó una ayuda, a petición del mayordomo de la citada cofradía, Luis Perpiñán, para pintar de dorado «la cadira de la santa Asunçió». Esta cofradía tuvo su sede en la ermita de San Sebastián, donde se encontraba la capilla de la Virgen de la Asunción hasta su traslado a Santa María en 1648. La cofradía estaba dirigida por un clavario y dos mayordomos, elegidos cada año para organizar la Festa con el dinero recogido en el «plat» de las limosnas, las ayudas que daba el Consejo municipal y l'«arrova de l'oli» (limosna que consistía en dar una arroba de aceite por cada una de las calderas de jabón instaladas en Elche).
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3.2.2. Concejo Municipal
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En los últimos años del siglo XVI se deja de representar la Festa en diversas ocasiones como consecuencia de las dificultades económicas que atravesaba la Cofradía de Nuestra Señora, que dependía cada vez más de las ayudas municipales, y de las muestras de duelo por las muertes de Bernardino de Cárdenas, señor de Elche, y del príncipe Carlos, hijo de Felipe II. El 11 de marzo de 1609 el Concejo municipal tomó la decisión de hacerse cargo de la organización de la Festa, tanto de la representación como de los actos lúdicos que se celebraban en torno a ella, ya que «dos anys que·s dexà de fer la dita Festa [...] apedregà y caigué molta pedra en lo terme de la present vila, de tal manera que durà molts anys, que lo abres y pins no pogueren tornar a cobrar lo que havien perdut y se'n secaren molts». Pero, dejando de lado las explicaciones de índole milagroso, aquella decisión se tiene que entender como la asunción por parte del máximo órgano de poder municipal de una representación que, organizada tradicionalmente por la pequeña nobleza local, había dejado de ser la conmemoración lúdica de un día de celebración religiosa para convertirse en la fiesta más importante del pueblo de Elche. Los problemas económicos se resolvieron con la creación de diversos impuestos y tasas municipales y con la continuidad de la «arrova de l'oli», que se destinó al mantenimiento de las tramoyas y a los salarios de los minestriles y los cantores. También se tomó la decisión de nombrar unos caballeros electos —cargos honoríficos en la actualidad— con tal de organizar las fiestas con el dinero de la Clavaria de Nostra Senyora, administración encargada de recoger las rentas obtenidas a lo largo del año. |
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acabó en manos de la administración pontificia y en 1632 el papa Urbano VIII firmó un rescripto pontificio en el que se otorgaba el privilegio de representar la Festa en el interior de la iglesia de Santa María. Pero este no fue el único problema con el clero. En 1700 los capellanes que interpretaban la Festa se negaron a aceptar una «pesada» (porción) de carne como pago a su participación, motivo que el Concejo no aceptó, por lo que algunos decidieron no interpretar sus papeles. En 1734 saltó de nuevo la polémica entre la autoridad eclesiástica y la civil por la pugna sobre el nombramiento del «mestre de capella» de Santa María, situación que acabó con la duplicación del cargo en diversas ocasiones. A finales del siglo XVIII el obispo José Tormo prohibió la escenificación de la Judiada por las peleas que provocaba y en 1835, con el nuevo estado liberal, el Concejo suprimió la capilla profesional de música para dedicar el dinero que costaba a necesidades sanitarias y educativas. Es a partir de estos momentos cuando la Festa entró en un periodo de decadencia que se fue acentuando hasta principios del siglo XX a causa de los pocos recursos económicos y de la alternacia política en los cargos municipales. Todas estas circunstanacias provocaron una fuerte degradación escénica de la representación (las tramoyas se deterioraron y aparecieron personajes ajenos a la obra, como sacristanes, camareras de la Virgen y agentes del orden).
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Junta Protectora de la Festa
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la escena de la Judiada, se comenzaron a restaurar los escenarios a partir de ese año, se eliminaron de encima del cadafal los personajes ajenos a la obra, y el mestre de capella empezó a participar confundido entre el apostolado. Hacia finales de la década de los años veinte, los sectores más progresistas y radicales de la población se opusieron a la celebración de la Festa con dinero público, alegando el sentido religioso de la representación. Esta actitud generó una fuerte discusión entre los defensores y los detractores de la Festa.
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3.2.3.
Protección Estatal:
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Con la llegada de la II República en 1931, las fuerzas progresistas y obreras entraron a formar parte de los nuevos Ayuntamientos democráticos. Esta situación supuso un acicate a todos aquellos grupos políticos y sociales que no veían con buenos ojos que la Festa fuera sufragada por el municipio, hecho que puso en peligro la continuidad de la representación. Óscar Esplà, director de la Junta Nacional de Música y Teatros Líricos, intervino y consiguió que el 15 de septiembre del mismo año el presidente de la República firmara la declaración de Monumento Nacional para la Festa. Esta designación hizo que la representación pasara a depender del Estado y, en concreto, de la mencionada Junta, cosa que aseguraba su continuidad. Al año siguiente se creó el Patronato de la Festa en Elche con la misión de organizarla. A pesar de los esfuerzos que se dedicaron, el incendio de la iglesia en febrero de 1936 y el alzamiento de Franco en el mes de julio, que provocó el inicio de la Guerra Civil, impidieron que se desarrollara la representación durante cinco años.
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cieron, con lo que ese año se pudo representar de nuevo la Festa. La Junta creó también una coral que, dedicada exclusivamente a la interpretación de los cantos de la representación, llevaba el nombre de Capella del Misteri d'Elx. En 1948 se acabaron las tareas de restauración y la Junta se transformó en el Patronato Nacional del Misterio de Elche. Esta institución está formada por dos organismos: uno, de ámbito estatal y de carácter más honorífico, y otro, con el nombre de Junta Local Gestora, que se ha encargado desde entonces hasta la actualidad de cuidar por la representación de la Festa y su difusión. Con este Patronato se llevó a cabo la segunda revisión escénica y musical del drama, que tuvo lugar entre los años 1953 y 1961, así como la grabación del primer disco con la música de la Festa en 1960. Con la llegada de la democracia (1978) y del estado de las autonomías, la responsabilidad estatal ha sido transferida a la Generalitat Valenciana. A partir de estos años, la difusión de la Festa ha aumentado de manera considerable —estudios, exposiciones, conciertos y premios— hasta conseguir la declaración de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por parte de la Unesco el 18 de mayo de 2001.
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TEXTOS COMPLEMENTARIOS
ALCALÁ-ZAMORA, Niceto: Declaración del Misteri d'Elx como Monumento Nacional, 15-09-1931.
ARCHIVO MUNICIPAL DE ELCHE: Cabildo del 11 de marzo de 1609 («Acuerdo municipal donde el Concejo se hace cargo de la organización de la Festa»).
ARCHIVO MUNICIPAL DE ELCHE: Varios de Pere Ibarra, vol. I, núm. 3 («Rescripto pontificio por el que Urbano VIII protege la representación de la Festa dentro de la iglesia de Santa María de Elche»).
CÀMARA I SEMPERE, Hèctor: «Reflexions sobre l'estat actual de la Festa d'Elx», Revista Valenciana de Folclore, «Dossier: La Festa d'Elx», 2, Alicante, 2001 , p. 10-17.
CARO, Isabel: Testamento, 09-07-1523 (transcripción de la cláusula que trata sobre la Festa).
CASTAÑO GARCIA, Joan: «La Festa d'Elx: cinc-cents anys de la història d'un poble», a El Misteri d'Elx, Patrimoni de la Humanitat (mesa redonda), Elche, 08-06-2001 (una primera versión del texto a la revista Saó, monogràfics 12, Valencia, octubre del 1992, p. 9-12). |