ESCRITS SOBRE LA FESTA

 

EL MISTERI D'ELX: PATRIMONIO ORAL DE LA HUMANIDAD.
EL RETO DEL SIGLO XXI*

 

Maricarmen Gómez Muntané
Universitat Autònoma de Barcelona

  

El pasado 19 de mayo leíamos en la prensa la noticia de que el Misteri, junto con otras manifestaciones culturales de todo el mundo, acababa de ser incorporado por la Unesco al patrimonio oral de la humanidad1. El periodista daba comienzo a su artículo señalando que los habitantes de Elche estaban de enhorabuena, lo cual me produjo cierta inquietud porque, aunque no soy ilicitana, yo también sentía que estaba de enhorabuena por el Misteri d’Elx y por el resto de las diecinueve «obras» que pasaban a formar parte del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. De las que citaba el periodista sólo conozco otras dos: el teatro siciliano de marionetas, un espectáculo delicioso que una vez tuve ocasión de admirar en Palermo, y el refinadísimo teatro japonés Nôgaku, algunos de cuyos intérpretes representaron dos breves obras en Dallas, en septiembre de hace cinco años. De otra tengo referencias, el canto polifónico de Georgia, aunque conozco mejor, por la proximidad geográfica, las polifonías corsas, un firme candidato a formar parte, oficialmente, del patrimonio de todos.

Insisto en lo de oficialmente, porque cuando oimos una Salve regina interpretada por una cofradía corsa, cuando el simple gesto de un actor japonés nos paraliza en nuestro asiento, cuando se nos hace un nudo en la garganta al ver abrirse la mangrana, suspendida en lo alto de la cúpula de Santa María de Elche, no creo que nadie piense que eso no es un poco suyo, más allá de cualquier declaración verbal o escrita que pueda hacerse al respecto: tales manifestaciones existen, al menos desde mi punto de vista, en tanto que podemos verlas, oirlas y disfrutarlas, y el cúmulo de sensaciones que nos producen determina en gran medida su valía.

Aunque las polifonías corsas aún no formen parte del selectivo patrimonio de la Unesco, si los corsos deciden un día dejar de cantar ese repertorio, no es sólo un reducido grupo de habitantes de la isla de Córcega quienes sufrirán la pérdida de su ancestral legado, sino todos sus potenciales oyentes, sea cual fuere su nacionalidad. Ellos, como pueblo, han tenido la sabiduría de conservar unos cantos que son muestra de un tipo de manifestación musical, la polifonía sacra de tipo popular, que debió ser relativamente común hace siglos, pero de la que apenas si queda hoy alguna muestra, junto con las de Córcega y Georgia, que permita acercarnos a una faceta de nuestro pasado, para entenderlo mejor y a la vez poder disfrutarlo. La responsabilidad de corsos y georgianos es mucha: ellos guardan el tesoro, que no es sólo suyo porque de otra forma difícilmente alcanzaría tal categoría, pero si lo pierden, lo alteran o lo falsifican de eso ellos sí que serán los principales responsables.

No sé yo si la declaración de patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO implica el que si se pierde, altera o falsifica algo que oficialmente es de todos, aunque extraoficialmente siempre lo haya sido, la responsabilidad del desaguisado pasa a ser compartida por un grupo de notables que representan los intereses generales. Es posible que así sea, pero me temo que cuando se maneja algo tan sutil e intangible como es la tradición oral, evitar que se deteriore y se pierda, al menos en lo que atañe a su pureza, puede resultar más difícil que ponerle barreras al mar en Venecia. Aquí no es cuestión de ingeniería y tampoco pueden dictarse leyes que impidan decir o cantar tal cosa en lugar de otra; es cuestión de sensibilidades y de adquirir conciencia de la propia responsabilidad ante los demás, lo cual resulta aún más sutil que el objeto mismo del que se trata.

La iniciativa del Patronato del Misteri d'Elx de presentar la candidatura del Misteri a su nombramiento como patrimonio oral de la humanidad da prueba inequívoca de esa sensibilidad y conciencia a las que nos referíamos, que han sido justamente recompensadas. Vaya por delante nuestra más sincera felicitación, extensiva a todos los ilicitanos que, recogiendo la antorcha de sus mayores, nos permiten seguir gozando, año tras otro, de un espectáculo singular. Estoy de acuerdo con las declaraciones hechas a la prensa por el  alcalde de la localidad de que el posible y lógico aumento de espectadores del Misteri, lejos de convertirse en un problema, servirá para mantener la espléndida manifestación cultural que representa. Pero los problemas pueden venir de otro lado, porque el Misteri ya no está intacto y si su pérdida, hoy más que nunca, es imposible, su alteración es un peligro que le acecha desde hace años.

Vi el Misteri, en la versión de ensayo, a fines del pasado mes de octubre y me pareció que uno de los fragmentos que interpretó el órgano no lo había oído antes. Comenté mi impresión y me dijeron que, en efecto, se trataba de uno de los fragmentos que había compuesto Oscar Esplá que ahora se había decidido recuperar. Tampoco recordaba haber oído a tantos individuos cantar juntos el In exitu Israel, una pieza sobre la que existen escritos autorizados que aseguran que a principios del pasado siglo todavía se interpretaba en fabordón, lo cual requiere un número de voces relativamente limitado para poder apreciar su particular sonoridad. Si, desde el ángulo de la tradición, un coro homofónico de tipo orfeonístico o un baño sonoro suplementario a cargo del órgano se nos antojan fuera de lugar, entiendo que el efecto que puedan producir a un público masivo sea importante y que de forma consciente o inconsciente se busque su complicidad. ¿Va a ser éste el camino que emprenda el Misteri en el siglo XXI? Porque si las concesiones al público, que en los próximos años no va precisamente a faltar, pasan a considerarse como factores susceptibles de alterar la tradición, y por tanto incorporables a ella, el camino en este sentido no habría hecho nada más que empezar.

Uno de los elementos más frágiles del Misteri es el del canto de raíz tradicional, monódico y polifónico, que es el que le confiere algunos de sus momentos sonoros de mayor interés. Las piezas en las que mejor se aprecia su presencia suelen coincidir con aquellas que tienen mayor fuerza argumental o escenográfica, como son, entre otras, Ai trista vida corporal!, Déu vos salve, verge imperial, Oh poder de l’alt imperi, Esposa e mare de Déu, etcétera. Estas piezas tienen en común la presencia de melismas que adornan la melodía, elemento que es típico del canto popular de la cuenca mediterránea y a través del cual los intérpretes del Misteri hicieron suyas unas piezas de raiz culta, lo mismo que sucedió en Córcega con determinado tipo de repertorio litúrgico. Cuando el referido canto estaba vivo, nadie tenía necesidad de indicarle a un cantor adulto del Misteri cómo debía de interpretar tal o cual pasaje melismático de una pieza, una vez aprendida, porque esa música no era melódicamente distinta a aquella que formaba parte de su entorno.

Hoy en día la única música de raíz tradicional que puede oírse en Elche y su comarca es la del Misteri (me refiero a la música propia del lugar), lo cual significa que, en su vida cotidiana, los cantores que interpretan algunos de sus fragmentos más conocidos escuchan todo tipo de música, excepto aquella que antes guardaba semejanza con la que ellos cantan una o dos veces al año, porque ha desaparecido. Todo está en manos, por así decir, de un puñado de cantores que retienen en su memoria unas piezas convertidas en fósiles que, si alguno de los maestros de capilla de la iglesia de Santa María y algún que otro erudito no hubiese tenido la precaución de anotar, es probable que sonasen de forma más convencional que la que hoy conocemos.

Teniendo en cuenta la dificultad de recoger por escrito una música adornada con melismas y que la formación de quienes así lo hicieron era la de la música clásica, puede asaltarnos la duda sobre el grado de autenticidad de los melismas que adornan las piezas referidas. Introduzcamos, aunque sólo sea como elemento para el debate, un grado de desconfianza en la buena memoria de las dos o tres últimas generaciones de cantores del Misteri, que además de no verse arropados en su tarea por el tipo de música que escuchan, siguen las indicaciones de un maestro de capilla de formación clásica, como siempre lo ha sido, sumergido en un ambiente sonoro similar al de sus cantores del que está ausente un factor esencial para el caso: la música propia y característica de los antiguos ilicitanos. ¿Es posible que esos melismas nunca antes se hubiesen interpretado así y que lo que hoy oimos sea, hasta cierto punto, producto del deterioro?

La única forma de poder averiguarlo con relativa certeza sería tener la posibilidad de escuchar algún disco gramofónico de hace unos cien años que recogiese, sino los cantos del Misteri, si al menos canciones tradicionales ilicitanas. Como me temo que no lo haya, tendremos que recurrir a la vía comparativa y para ello les propongo un pequeño ejercicio auditivo, a modo de botón de muestra. Oigamos, en primer lugar, el primer Kyrie de la Messa di Tagliu interpretado por los hijos de Ghjuliu a principios de los años ochenta, siguiendo una vieja tradición.2 A continuación oiremos los dos primeros versos de Esposa e mare de Déu interpretados por la Capella del Misteri d'Elx en la grabación que se hizo para RTVE en septiembre de 1993.3 En ambos casos se trata de piezas sacras polifónicas cuya raíz tradicional se hace patente a través de los melismas; pero mientras que en el Kyrie éstos se producen mediante ligeras oscilaciones de la voz, constituyendo un factor esencial de enlace entre las distintas formaciones acórdicas que lo constituyen, en Esposa e mare las oscilaciones de la voz ya no son tales, sino que se han transformado en convencionales notas de adorno solfeables en compás de 4/4; el argumento de que tal vez fue siempre así aquí no parece verosímil, por cuanto basta con escuchar el principio de su siguiente verso para vernos envueltos, ahora sí, por claras formaciones melismáticas bastante más artificiosas que lo que sería deseable, a pesar de su indiscutible atractivo.

Si recuperar la pureza de lo que un día debió ser el canto de Esposa e mare y de otros cantos similares del Misteri d'Elx es tarea imposible, lo que sí se puede es frenar su lento deterioro e incluso llegar a «restaurar» algún que otro pasaje melismático. Es una tarea que, de llevarse acabo, requeriría de un aprendizaje por parte de quienes lo cantan no del arte tradicional del solfeo, que no parece que les hiciese falta a los cantores del Misteri hasta hace bien poco, sino del canto de raíz tradicional de la costa levantina, que era la única música que antes conocía la inmensa mayoría de los ilicitanos.     

Asunto bien distinto es el que plantea el In exitu Israel, donde intervienen cuestiones sociológicas aparte de las musicales. De hecho la lista de piezas con problemas de una u otra índole se extiende a la totalidad de las del Misteri, que urge de algo que nunca fue necesario en el pasado pero que ahora resulta, a mi modo de ver, imprescindible: fijar un criterio estético que permita mantener su coherencia musical.

A diferencia de los cantos corsos polifónicos, cuya transmisión oral se ha mantenido prácticamente intacta hasta nuestros días por las particulares características de la isla de donde proceden, o a diferencia del teatro tradicional japonés, cuyos secretos se transmiten de generación en generación, lo que es el Misteri hoy en día y lo que vaya a ser en el inmediato futuro depende, en gran medida, del buen hacer de su Patronato. Por mucha que sea la buena voluntad del heterogéneo colectivo que lo constituye, su papel es por fuerza distinto a aquel que asumía en otros tiempos el pueblo de Elche, por el rigor de cuyas tradiciones musicales no era necesario velar. Tampoco es el que asume una familia o una escuela de artistas profesionales concienciada, a lo largo de generaciones, sobre su responsabilidad de mantener vivo el patrimonio colectivo.

La responsabilidad del Patronato del Misteri d'Elx es mucha, porque el Misteri es cosa musicalmente frágil y por tanto se estropea con relativa facilidad. De perderlo no hay peligro, pero si se sigue alterando se acabaría por falsificar.

 

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*   Text llegit a la taula redona El Misteri d'Elx, Patrimoni de la Humanitat, Casa de la Festa, 8 de juny del 2001.

1   El País, sábado 19 de mayo de 2001, p. 32.

2   Sexta pista del CD Polyphonies corses, incluido en el libro del mismo título de Ph.J. Catinchi (Cité de la Musique/ Actes Sud, 1999).

3   La Festa o Misteri d’Elx 2CD (RTVE Música 65031. Madrid, 1993).