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ESCRITS SOBRE LA FESTA |
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CLAUDIANO PHELIPE PERPINYÁN.
Joan Castaño
Garcia
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LA FIESTA DE ELCHE. TRADUCCIÓN DE 1700 TRADUCCIÓN DE LA MISTERIOSA FIESTA... TRADUCCIÓN DE 1741
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[141] Desde que en el año 1924 Pedro Ibarra y Ruíz diera a la luz pública un pequeño folleto titulado La Fiesta de Elche. Este traslado de la Fiesta de N.ª S.ª de la Assumpción de esta Villa de Elche, Reyno de Valencia; fue Traducido de Lengua Lemosina a la Castellana por D.n Claudiano Phelipe Perpiñán de la mesma Villa; en el año 1700. Siendo Cadete de las Reales Guardias de Su Magestad (que D.s G.e) el Señor D.n Phelipe Quinto: Rey de España en el que se contenía la que hasta la fecha es posible considerar como la primera traducción conocida del texto de la Festa o Misterio de Elche, se ha visto reeditado este mismo trabajo en numerosas ocasiones. La gran mayoría de estas reimpresiones han tenido como marco esos pequeños libritos o guías que son usados por los espectadores del drama ilicitano durante las representaciones y que entre sus páginas suelen contener los dos libretos más antiguos de los que se tiene noticia; en valenciano, la copia que de «son original registre» sacó Gaspar Soler Chacón en 1625 y en castellano, la versión de Perpinyán. Sin embargo, muy pocos son los datos que de ambos autores poseemos, siendo en el caso del segundo de ellos completamente nulos. De ahí que creamos oportuno el intentar acercarnos a la figura de Claudiano Phelipe Perpinyán, ofeciendo algu-[142]nas notas y consideraciones con el único fin de que sirvan como punto de partida a futuras investigaciones.
Perteneció Claudiano Phelipe a la familia de los Perpinyán aparecida en Elche con motivo de la «Reconquista». Así Andrés Perpinyán, primero de la dinastía ilicitana, acompañó a Jaime I en la campaña en que nuestra ciudad fue conquistada del poderío musulmán. En aquel entonces era común que cada caballero tomara por apellido el nombre de su población natal. Por ello cabe suponer que los Perpinyán procedieran de la ciudad de su misma denominación, perteneciente actualmente al territorio francés, pero que en la fecha en que nos situamos quedaba dentro de las fronteras de la Corona de Aragón. Esta familia, cuyo último descendiente fue el general José Cosidó y Perpiñán, fallecido no hace demasiados años, tuvo su casa solariega en la plaza de Santa María, frente a la puerta Mayor de la iglesia, donde aún se conserva. Así mismo hay que hacer constar que los Perpinyán estuvieron desde muy antiguo ligados a la organización de la Festa y a todo lo relacionado con la imagen de la Virgen ilicitana.1 Vista ya la ascendencia de nuestro autor, diremos de un modo más concreto que Claudiano Phelipe Perpinyán y Perpinyán fue hijo de Salvador Perpinyán y de Dionicia perpinyán, cuyo matrimonio tuvo lugar en la iglesia de Santa María el 23 de agosto de 1682. Fueron sus abuelos paternos, Claudio y Leocadia Perpinyán y Dionicio Perpinyán y Catalina Vivoni, los maternos. [143] Salvador, su padre, casó en segundas nupcias en 1693 con Francisca Perpinyán y aún en terceras con Madalena Ortiz de Jacobo, en 1719. Por tanto, Claudiano Phelipe debió nacer en ese período de tiempo que va de 1683 a 1693. Fue el mayor de todos sus hermanos quienes, salvo él, hijo único de Dionisia, nacieron en el segundo matrimonio, sin que haya constancia de descendencia en el tercer desposorio de su padre. Como hermanos suyos conocemos a Andrés que «murió de repente y sin testar. Mozo»; Thomás, «presbítero y cura de Santa María»; Francisco, «religioso de N.ª S.ª de la Merced»; Teresa que «murió donzella»; Salvador que casó dos veces, una con Rosa Perpinyán y otra con Cayetana Malla; Antonia Rosalía así como «otros hermanos que murieron mosos y niños».2 Imaginamos que siguiendo la costumbre de la época y como hijo de una familia noble, cursaría sus primeros estudios en el convento ilicitano de los Padres Mercedarios.3 En el año 1700, cuando apenas contaría con 17 o 18 años, aparece como «Cadete de las Reales Guardias de su Magestad (que D.s G.e) el Señor Don Phelipe Quinto», tal y como hemos visto que él mismo nos indica en una de sus obras. A pesar de ello no se han hallado noticias suyas en el Archivo Militar Nacional de Segovia. A este respecto hay que indicar que ya M. Albet y R. Alier4 y J. M.ª Vives5 en sus respectivos estudios sobre la Festa, hacen notar la dudosa credibilidad que ofrece este dato, sobre todo, en lo que la fecha se refiere, por cuanto se ha comprobado que Felipe V no llegó a España hasta 1701. Bien fuera por los horrores de la Guerra de Sucesión que en [144] aquellos años enfrentaba a los españoles y en la que por su supuesta condición castrense debió participar o bien por algún otro motivo, pronto se decidió a abandonar la carrera militar pasando al plano opuesto, al plano religioso. De esta forma, en 1718 figura como miembro de la «Cofraria del SS. Sacrament» de Santa María de Elche y asiste a su Junta celebrada, de forma acostumbrada, en la sacristía de dicha iglesia.6 Y por fin, unos años después abraza el sacerdocio, constando en 1725 como residente de la parroquial de Santa María, no hallándose nunca ausente de su puesto hasta que acontezca su muerte, 41 años después.7 De todas formas, su carrera eclesiástica no debió alcanzar la brillantez de la de su hermano Thomás quien consiguió el título de Doctor y llegó a ser, como hemos visto, cura de la principal parroquia ilicitana. Alguna relación tuvo Claudiano Phelipe en los comienzos de su sacerdocio con los infantes del Coro, pues tres años consecutivos, 1727, 1728 y 1729, firma él sus recibos de cobro.8 Así mismo y desde 1748 hasta su fallecimiento, fue Beneficiado en el altar de S. Juan Evangelista del «Benifet» fundado en 1671 por uno de sus antepasados, Geroni Perpinyán, hijo de Geroni Perpinyán y de Ángela Sans, nieto por tanto de Cristóbal Sanz. En la fundación de este Beneficio estaba establecido que únicamente un miembro de la familia Perpinyán podía ser titu-[145] [146]lar, siendo sus obligaciones «celebrar el Beneficiado que es o fuese por intención del fundador todos los Domingos y Fiestas calendas una Missa resada dadas las doze horas: assimismo las tres del día de Navidad como también las dos del día de la Conmemoración de los Difuntos».9 Y es precisamente en el Libro de Beneficios de Santa María, en el año 1755, donde podemos contemplar la firma autógrafa del propio Claudiano Phelipe, al pie de las misas y cuentas de su Beneficio. En el año 1749 estuvo viviendo en casa de su hermano Salvador, situada en la calle de Santa María. Bajo el mismo techo vivían su cuñada Cayetana Malla y María Guerrero y Francisca Payá, criadas. Otra casa de la misma calle era habitada por sus hermanos solteros Andreu, Theresa y Antonia Rosalía. Sin embargo, debió cambiar de residencia al poco tiempo, pues en el Quaderno de la Cofradía de Almas, en la relación de cofrades por calles, se le cita, en 1753, como habitante de las calles «Palacio y calle Mayor». Sintiendo cerca su muerte, realizó testamento ante el notario Carlos Pasqual, los días 21 y 22 de julio de 1766, como consta en el Llibre de Clausales, núm. 5.
Su muerte aconteció el día 25 de julio de dicho 1766 y aun cuando la familia Perpinyán poseía enterramiento propio en la capilla de San Juan Evangelista o de San Joaquín en Santa María,11 vemos que Claudiano Phelipe prefirió, por su condición de sacerdote, reposar en las tumbas del Clero. La detallada lista de gastos que ocasionó su sepelio constan en el Quaderno de entierros de Santa María. 1766.12 [148] [149] [150] Como hemos visto, en su testamento legó una limosna a las Cofradías de las que fuese miembro. Tenemos constancia de que lo era de la de «Almas» y la del «SS. Sacrament». De esta última sabemos que en las Quentas dadas por el Dr. Antonio Soler Prsto. como capellán que fue de la Cofradía del Stmo. Sacramento fundada en la iglesia parroquial de Santa María, de la villa de Elche y son por los años 1761 hasta el año 1769 ambos inclusives se lee entre otros asientos:
En este sentido es posible comprobar como la familia de Claudiano Phelipe tuvo una clara vocación religiosa. Por ejemplo, vemos que además de ser dos de los hermanos sacerdotes (Claudiano Phelipe y Thomás) y uno fraile (Francisco), los solteros pertenecen a cofradías piadosas: Andrés a la del «SS. Sacrament» y a la de «Almas» y Rosalía a ésta última. Esta vocación, que conllevó una falta de descendencia, hizo que los hermanos vivieran muy unidos. Dicha unión queda confirmada al ver que Antonia Rosalía y Thomás nombran albacea testamentario a Claudiano, mientras que Theresa lo hace de su otro hermano soltero, Andrés. Por último, diremos que para el sufragio del alma de Claudiano Phelipe Perpinyán se celebraron numerosas misas pues nos indica el Libro de misas testamentarias:
Así mismo su hermana Rosalía y sus sobrinas Nicolasa y Mariana, hijas de su hermano Salvador, pagaron a partir del 1 de agosto de 1766 una bula de difuntos a su nombre.15 [151]
Según las referencias conservadas, las obras que suponemos escribió Claudiano Phelipe Perpinyán a lo largo de toda su vida son al menos tres. Y decimos que lo suponemos porque, desgraciadamente, no contamos con los documentos suficientes como para realizar una aseveración absoluta a este respecto, aunque es posible, interpretando los distintos indicios recogidos, llegar a un convencimiento prácticamente total. Lo que sí es necesario indicar es el carácter religioso de las tres obras, de forma que Perpinyán, uniendo a su ingenio un profundo sentimiento mariano, ofrece al servicio de la Virgen de la Asunción el fruto de su pluma.
De los tres escritos que mencionábamos es éste el menos conocido de todos, puesto que únicamente sabemos de su existencia gracias a una pequeña referencia recogida en el manuscrito de P. Llorente, ignorándose su paradero actual.16 La referencia, que también inserta J. Fuentes en su Memoria... bajo el epígrafe de «Milagro en tres asistentes a la Festa. 1727»,17 dice así:
La Fiesta de Elche. Traducción de 1700 Otra de las obras de nuestro autor es la denominada La Fiesta de Elche que ya hemos citado anteriormente, sirviéndonos además para conocer un aspecto peculiar de su vida. Como también dijimos, este trabajo fue publicado en 1924 por Ibarra quien poseía el manuscrito en su biblioteca. Según éste, dicho manuscrito no estaba firmado por Perpinyán, faltándole además la primera página. Sin embargo, presentaba las suficientes garantías para certificar su paternidad sin dificultad alguna. Hay que hacer notar que la falta de esa primera página, conteniendo el canto inicial de la María al pie del andador, fue suplida con la inserción del comienzo de la traducción que de la Festa hizo en 1855 Francisco Fuentes Agulló, el Cura Fuentes.19 Una somera lectura del escrito de Claudiano Phelipe nos permite comprobar como más que una traducción del consueta de la Festa nos hallamos ante una versión bastante libre del mismo, al menos en lo que a la coplas se refiere. Si lo comparamos con las copias que del libreto del drama se realizaron en 1625, por Gaspar Soler Chacón, y en 1639, por «un devot», podremos advertir que la obra de Perpinyán no se asemeja a estos escritos, coincidentes entre sí en numerosos detalles, ya que por una parte abrevia lo más posible las acotaciones escénicas y por otra hace una traducción libre de los cantos, en la cual le preocupa más la belleza, medida y rima del verso, que su sentido literal. Para conseguir todo ello no duda en suprimir palabras, sustituir frases e incluso reordenar coplas enteras. Su propósito es confeccionar versos octosílabos de rima perfecta, aunque le sea necesario buscar palabras extrañas [153] [154] al original, respetando, eso sí, el orden de las rimas en las distintas estrofas. Tiende además a completar los cantos, alguno de los cuales aparece con un verso menos en el propio consueta. En las alteraciones más notorias, algunas ya fueron anotadas por Pedro Ibarra en la primera edición,20 cabe destacar: En el canto del ángel «Déu vos salve Verge imperial», es suprimida la palabra inicial «Déu». Siempre traduce «Ay trista vida corporal» por «Ay triste vida mortal». Reorganiza los versos del Ternari y de la Salve. En esta última suprime algunos, precisamente los latinos «Advocata pecatorum/ consolatrix aflictorum» que se repiten a lo largo de la copla. Traduce la palabra «seureu» del canto del Araceli por «seréis» y no por «sentada» que sería lo correcto. Por último, la esclavitud del verso octosílabo le hace inventar casi completamente los motetes «O Déu Adonay» y «Cantem senyors, què cantarem?». De todas formas, quizás lo más interesante de esta obra, aparte de su claro valor histórico, quede encerrado en la serie de pequeñas noticias que en las notas escénicas nos da el autor sobre el desarrollo del drama y por las cuales podemos conocer un poco mejor algunos detalles de las representaciones de antaño. Entre ellos cabe destacar: a) Acto 1º, Escena 2ª.21 «Acabando de cantar se abre la puerta del Cielo y se dispara la artillería, se descubre el Angel en la nube o granada y baxando canta lo siguiente.» [155] Vemos con esto como en el año 1700 ya es habitual el nombre de Granada o Mangrana para designar el aparato que el consueta de 1625 denomina «Núvol». Y, además, al decir «nube o granada» expresa la identidad de términos: ambos servían para nombrar la misma aparición celeste. b) Acto 1º, Escena 6ª. «Acabando de cantar muere la María y les ponen una vela en sus manos y los Apóstoles se alsaran y con todo secreto y disimuladamente vasiarán la María y pondrán la imagen de N.ª Señora y el hermano de esta Cofradía ensenderá los quatro blandones y dará velas a los Apostoles». Siempre que se ha estudiado la traducción de Perpinyán se ha hecho notar esta referencia a la Cofradía de N.ª S.ª de la Asunción. Y realmente es una cita muy importante pues nos demuestra su existencia activa a principios del siglo XVIII. En la copia del consueta de 1625 leemos lo siguiente:
Así mismo, Cristóbal Sanz en su Recopilación..., compuesta en 1621, indica:
[156] Por último, A. Antón refiriéndose a esta misma Cofradía nos aclara:
Sin embargo, no debió la Cofradía abandonar totalmente las representaciones de la Festa cuando en 1700, casi un siglo después de pasar el Msterio a manos del Concejo, era el Hermano Mayor de la agrupación piadosa el encargado de encender los blandones del lecho mortuorio de la María en el cadafal. c) Acto 1º, Escena 7ª. «Concluiese la fiesta de la Vispera de Nuestra Señora y los Eletos acompañan las Marías Angeles y Apóstoles a la hermita de S. Sebastián de donde salieron y se prosiguen los repiques de campanas para decir la Salve que se acostumbra en este ochavario con sermones de diferentes sujetos de varias Religiones». Es ésta la primera noticia que conocemos sobre las Salves que en honor de la Virgen se cantan en Santa María tras las representaciones del Misterio. Sin embargo, el Dr. Pomares nos dice escuetamente: «En 1712 empiezan a cantarse las Salves».25 Ignoramos en que se basará el mencionado autor para indi-[157][158]car tal fecha, pues hemos visto que en 1700 ya aparece el «ochavario» y la Salve como cosa acostumbrada. No obstante al decir «Salve» imaginamos que ambos se refieren a las Salves con sus Goigs de la Verge de l'Assumpció y su misa con sermón. En definitiva, a lo que popularmente conocemos como «Salves de la Mare de Déu» y que tienen lugar los días del 16 al 22 de agosto. Además también es de Claudiano Phelipe, según las referencias de todos los estudiosos que trataron el tema, la primera traducción castellana de los Gozos de la Virgen, que insertó al final de su escrito de 1700. También en este caso, al igual que hace con el Consueta, sacrifica el sentido literal de las palabras a la belleza y armonía poéticas. Por último, suponemos que cuando indica «sujetos de varias Religiones», se referirá a religiosos de diversas órdenes, los cuales eran traídos expresamente para predicar estas Salves. d) Acto 2º, Escena 1ª, Copla 36. «Se prosigue la fiesta de Ntra. Sra. de la Assumpción en el día 15 de agosto y entran los Eletos por la puerta Maior acompañando a los Apóstoles Marías Ángeles y a S. Pedro quien adora y besa los pies a la Imagen y por su orden los demás Apóstoles y las dichas Marías y Angeles se detienen en el andador y el sobre dicho S. Pedro canta lo siguiente.
Si estudiamos el libreto de 1625 veremos que en este fragmento dice:
[159] Con ello cabe pensar en un posible error de Perpinyán quien quizás olvidara poner junto a S. Pedro a sus compañeros de apostolado, S. Juan y S. Jaime que forman el ternario encargado de entonar esta copla. e) Acto 2º, Escena 2ª, Copla 52.
Otro posible error en el que el traductor confunde al apóstol que bautiza a los judíos conversos y que en todos los Consuetas y copias que conocemos siempre es S. Pedro. f) Acto 2º, Escena 5ª. «Cantarán los de la Coronación o los de la Araceli quitando la diadema y coronando a la Virgen lo siguiente.» Dos son las cuestiones que encierra esta frase: En primer lugar la expresión «los de la Coronación o los de la Araceli». Con toda seguridad debe tratarse de una simple errata de imprenta y donde aparece la conjunción disyuntiva «o» debiera hacerlo la copulativa «y» de manera que quedara la frase, «Cantarán los de la Coronación y los de la Araceli quitando la diadema y coronando a la Virgen», ya que no tenemos noticia alguna de que la copla fuese cantada por uno u otro grupo angélico indistintamente. Esta interpretación creemos que es la adecuada ya que entonces sería la SS. Trinidad quien cantase el motete mientras los personajes del Araceli procedían a despojar a la imagen de la Virgen de la diadema con el fin de que pudiera ser coronada. La segunda cuestión que aludíamos es precisamente esa «diadema» a que se refiere en sus palabras. Esto ya es más conocido pues no hay que olvidar que la imagen yacente, aún hoy día, desde que aparece en escena mediante el cambio con el niño que interpretaba la María, al final del primer acto, porta sobre su cabeza un nimbo dorado, ricamente labrado e idéntico al que llevaba el actor y que únicamente les es quitado cuando se procede a su entierro. [160] Suponemos que la «diadema» será este nimbo. Observamos, pues, que en la antigüedad dicho nimbo sólo era quitado, cuando se acercaba el momento de la Coronación, en lo alto del templo. Recordemos así mismo que antaño todos los personajes del drama portaban un nimbo sobre sus cabezas en el que se podía leer sus nombres escritos en latín. Como reminiscencia nos han quedado los de las dos Marías compañeras de la Virgen: Salomé y Iacobe. Otra reminiscencia de esta «diadema» la tenemos en la actualidad cuando, ya finalizada la Festa y vacío el templo, se vuelven a abrir las puertas del cielo y desciende el Araceli para depositar la imagen de la Virgen sobre el escenario; en esos instantes ésta no ostenta la corona imperial con la que se le coronó momentos antes, sino el mencionado nimbo labrado, sujeto a sus sienes por los ángeles situados a sus dos lados.
Por último, diremos que, como ya indicábamos, La Fiesta de Elche de Perpinyán se ha venido publicando en casi todos los folletos editados sobre el Misterio. Sin embargo, hay que hacer constar que en varias ocasiones el texto recogido no es propiamente el original de Claudiano Phelipe del cual únicamente se toman las coplas, siendo las acotaciones escénicas traducción literal del Consueta de 1625. Esta realidad, que ya advertía José Pomares en su libro,27 puede comprobarse fácilmente en el opúsculo El Misterio de Elche, último hecho público por el Patronato Nacional del Misterio de Elche y que actualmente se reparte en la Basílica durante las representaciones. En él leemos: «Consueta del Misteri. Claudiano Phleipe Perpiñán. Texto Traducción».28 Pero en realidad podemos apreciar que sólo la traducción de los cantos es de Perpinyán, estando algunos levemente modificados. [161] [162]
Traducción de la Misteriosa Fiesta... Traducción de 174129 La tercera obra atribuible a Claudiano Phelipe Perpinyán es otra traducción del texto del Misterio, que desde su aparición a mediados del siglo XVIII y hasta finales del pasado, era el único folleto disponible para aquellos asisentes al drama que sentían la necesidad de buscar una explicación a sus escenas y cantos. De este librito, cuyo título completo es Traducción de la Misteriosa Fiesta que la Ciudad de Elche celebra a su Patrona María Santísima en el simulacro angelical de su Asunción Gloriosa a los Cielos, conocemos hasta ocho ediciones diferentes, con mínimas variantes entre sí, no apareciendo en ninguna de ellas el nombre del autor que esconde su identidad bajo el apelativo de «El Devoto».30 Es más, José Pomares llegó a afirmar que esta traducción debía ser obra de Francisco Fuentes Agulló, más conocido como Cura Fuentes.31 Esta atribución es comprensible si observamos como el Dr. Pomares manejó y estudió una edición de este librito realizada en Elche en 1886, con lo cual era lógico hallar en el Cura Fuentes, nacido en 1834 y fallecido en 1881, el autor de la misma. Sin embargo, el que es Archivero del Patronato Nacional del Misterio de Elche, así como de la Basílica de Santa María, Juan Gómez Brufal, posee en su colección particular una edición anterior del mismo folleto y cuyo pie [163] de imprenta dice: «En Valencia, por Juan Gonçalez, junto al Molino de Rovella, año 1741». Es decir, casi cien años antes de que naciera Francisco Fuentes Agulló, cuya paternidad respecto a este trabajo, como vemos, es imposible. La Traducción de la Misteriosa Fiesta... presenta en su tercera página una nota al lector en los siguientes términos:
Entre 1639, en que se hizo la segunda copia del Consueta y primera con anotaciones musicales, y 1855, en que el Cura Fuentes publicó su Epítome histórico con el texto en castellano de la Festa,32 sólo conocemos una traducción de la misma: la que en 1700 realizara Perpinyán, ya que el «Consueta pera els Mestres de Capella» escrito por M. Lozano Roiz y conservado actualmente en el Archivo Municipal ilicitano, contiene una versión valenciana. No existe, pues, o al menos no se ha dado a conocer, otra traducción a la que puedan aludir estos versos de la dedicatoria «Al Letor» más que la de Claudiano Phelipe, que además está escrita en versos octosílabos, arte menor, los cual sigue coincidiendo con la citada introducción. Todo ello nos lleva a pensar que el autor de esta obra aparecida en 1741, debe ser el propio Perpinyán. [164] Si al igual que hicimos con la traducción de 1700, analizamos la presente, podremos afirmar no tratarse ya de una versión libre del texto de la Festa, sino incluso de una pura invención del autor, en cuanto a las coplas se refiere. Dado que la intención del traductor, como él mismo manifiesta, era el realizar una obra en arte mayor y escoge para ello los versos de once sílabas, le es imposible seguir literalmente el drama cuyas estrofas los poseen, en su gran mayoría, de siete y ocho sílabas, apareciendo algunos incluso con cinco. Además en este caso no se respeta la rima original, sino que haciendo patrón único, compone todas las coplas de forma similar a las que inician el drama, es decir como serie o secuencia de pareados. De todas maneras sí hay en cada motete un fondo relacionado con el Consueta. Es lo que el propio Claudiano Phelipe de nomina la «substancia»:
Por otro lado, debió agradar más a Perpinyán esta traducción que la anterior, quizás por su mayor dificultad o elegancia al gusto de la época, por cuanto habiendo sido escrita posteriormente, según hemos deducido de la dedicatoria, la dio a la estampa, mientras que dejó la de arte menor inédita. También es preciso indicar que en esta obra las acotaciones teatrales se reducen al mínimo, de manera que quien no conociese el drama o no lo estuviese viendo, no podría tener una idea clara de la puesta en escena de la Festa. Así y todo nos sirven sus breves palabras para conocer algún que otro detalle sobre las representaciones del siglo XVIII: a) Acto 1º, Escena 6ª. «Concluida esta copla cae muerta la María sobre muy preciosas almohadas de tisu, y los Apóstoles arrodillados cantan». Este párrafo nos puede dar una somera idea de la riqueza que en aquel entonces presentaba el lecho mortuorio de la Virgen. b) Procesión. «DIA DE NUESTRA SEÑORA. A las siete de la mañana [165] se saca la santa, y venerable imagen de la Virgen de la Assumpción en procesión general, la qual concluida se dice missa con grande solemnidad, sermón y música». De esta forma conocemos la temprana hora en que daba comienzo la solemne procesión del día 15 de agosto. c) Acto 2º, Escenas 4ª y 5ª. «alza los ojos (Santo Tomás) y descubre la Virgen à la puerta del Cielo, y exclama [...]. La Trinidad, ò Coronación la esperan a la puerta del cielo, y dicen. [...] Se finaliza el misterio coronando a la Sta. Imagen a la puerta del cielo, y se acaba media hora antes que la tarde primera». Esta líneas, aun cuando nada es posible afirmar a ciencia cierta, parecen confirmar la idea de J. Fuentes sobre el momento de la Coronación, del cual indica: «Alguna otra acotación ha sido modificada, y creemos lo esté la escena final del dicho segundo acto llamado la Coronación que, en tiempo antiguo, quizá se hiciese, apareciendo en la ventana que figura la Puerta del Cielo y entre nubes, los tres actores que representan a la Santísima Trinidad».33 d) Acto 2º, Escena 5ª, Copla 66. «Aracaeli. Gloria Patri, & Filio, & Spiritu Sancto: sicut erat in principio, & nunc, & semper, & in saecula saeculorum. Amen.» Son, según el autor, los ángeles de la «Rescèlica» quienes, suponemos entrando ya en el cielo y entre los aplausos del público, entonan el «Gloria Patri» o canto final de la Festa. En realidad, aunque hoy día son apóstoles y judíos quienes cantan este motete, ningún consueta especifica qué coro es el encargado de ello. Es más, en el libreto de 1639, copiado por J. Fuentes en su Memoria, se anota esta copla bajo los títulos «Tiple 1º, Tiple ijº, Tiple iijº y Baxo», los cuales pudieran identificarse perfectamente con los cuatro personajes del Araceli.34 [166] Para finalizar, insertaremos la dedicatoria que, junto a la nota «Al Letor», el autor de este trabajo coloca en el comienzo del mismo y que nos puede dar idea de su inspiración poética:
Si examinamos detenidamente las dos traducciones podremos comprobar la presencia de una serie de detalles de gran interés, que aun no siendo decisorios, nos llevan a incidir en la idea de que ambas fueron escritas por la misma mano. Entre estos destacan: —Ambas traducciones están escritas en castellano, en verso y no siguen de forma literal el texto original. —Ambas en la presentación, hablan de la «lengua lemosina»:
—Es similar, en ambas, la traducción del verso «Ai, trista vida corporal». [167] [168]
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—En la escena en que S. Juan entra en el cadafal, ambas insertan unas acotaciones esccénicas referentes a los movimientos del apóstol alrededor del lecho de María, muy similares entre sí, las cuales no constant en el consueta de 1625:
—Las dos traducciones reordenan los versos del Ternari y de la Salve. [169] —Ambas escriben siempre «Josaphat», frente al «Josafat» que hemos encontrado en el ciatdo consueta de 1625. —Ambas completan el verso que falta en el canto inicial del segundo acto «A vosaltres venim pregar». —Ninguna de las dos inserta el canto de las Marías «Vosaltres siau benvinguts». —Ambas indican que es S. Pedro el apóstol que lucha en la Judiada, no nombrando a S. Juan que sí es citado por el consueta. —En ambas obras los motetes traducidos con mayor libertad son los de la Judiada o «turba». —Ambas presentan ciertas irregularidades en el uso del castellano. Por ejemplo: inseguridades en la utilización de la «h»:
Dudas entre la «v» y la «b»:
Entre la «c» y la «z»:
[170] Entre la «s» y la «c»:
Entre la «s» y la «ss»:
Entre la «i» y la «y»:
Entre la «x» y la «j»:
Entre la «c» y la «q»:
—El lenguaje del autor se aprecia, al menos hay indicios, influencia del valenciano:
—Se desprende también de ambas traducciones una gran preocupación por la exaltación mariana, fruto quizás de la condición eclesiástica de su autor; como prueba están las coplas siguientes.
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