DOCUMENTS DE LA FESTA

 

APÓCRIFOS ASUNCIONISTAS*

 

Aurelio de Santos Otero

 

[305] Probablemente no existe un acontecimiento relacionado con el Nuevo Testamento que haya dado lugar a una proliferación tan grande de leyendas apócrifas como el que atañe a la asunción de María. No menos de 70 piezas distintas conservadas en una multitud de manuscritos y redactadas en las más diversas lenguas (griego, siríaco, copto, latín, irlandés, armenio, árabe, etiópico, georgiano, eslavo) se conocen hoy día, sin que sea posible a pesar del gran número de ensayos y aportaciones publicadas establecer definitivamente la filiación de unos textos que se presentan a su vez bajo las más diversas formas: relatos fragmentarios, reelaboraciones, paráfrasis, homilías, traducciones, etc.

El punto de arranque de esta literatura parece, sin embargo, estar claro: no llega más allá del siglo IV. Entre éste y el VI en que el emperador Mauricio (582-602) instituye por decreto la fiesta de la Asunción, fijándola en el día 15 de agosto, se desarrolla el núcleo fundamental de estas leyendas, llegando algunas a cristalizarse en textos más o menos definitivos, que al ser sancionados por la liturgia adquieren una difusión extraordinaria tanto en Oriente como en Occidente. Esto no quiere decir que su carácter «apócrifo» pasara siempre inadvertido y no fuera incriminado de cuando en cuando por diversos documentos, tales como el llamado Decretum Gelasianum, de principios del siglo VI, que en una lista de libros prohibidos con el número 29 incluye el «liber qui appellatur Transitus sanctae Mariae, apocryphus», probable alusión al Pseudo Melitón, obra latina que difundía por este tiempo diversas leyendas asuncionistas de origen oriental.

Dentro de la diversidad aludida, hay algunos rasgos comunes a casi todos los apócrifos de este ciclo. Tales son: el anuncio del ángel a María, indicándole el momento inminente de su dormición; la venida milagrosa de Juan, en primer lugar, y luego de los demás apóstoles para acompañarla en este trance; el atentado perpetrado contra el féretro en que era llevado el cuerpo de María para su inhumanación y, finalmente, el hecho mismo de la asunción, presentado de diversas formas.

[306] Por las razones expuestas, vamos a prescindir aquí de una pormenorizada y no menos enojosa enumeración de textos que fácilmente puede encontrarse en otras obras de erudición, contentándonos con ofrecer al lector el libro de San Juan Evangelista y la homilía de Juan, arzobispo de Tesalónica (dos prototipos significativos de las dos grandes familias en que se puede clasificar toda esta literatura), así como la narración latina del Pseudo José de Arimatea por sus características especiales como divulgador de las leyendas asuncionistas en Occidente.

 

TEXTOS

Libro de San Juan Evangelista (el Teólogo)

Libro de Juan, arzobispo de Tesalónica

Narración del Pseudo José de Arimatea

 

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*     Los Evangelios Apócrifos, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2001, p. 305-351 (edición crítica y bilingüe en BAC, 1956)