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ESCRITS SOBRE LA FESTA |
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LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Miguel Caldentey, T.O.R.
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1. GOIGS DE NOSTRA DONA (S. XIV) 3. LO PASSAMENT DE LA VERGE MARIA (S. XV) B) RAZONES EN PRO DE ESTE MISTERIO 2. EL MAESTRO FRAY FRANCISCO EXIMENIS (1340?-1409?) 3. SAN VICENTE FERRER (1350-1419) 4. SOR ISABEL DE VILLENA (1430-1490) 5. JUAN ROIÇ DE CORELLA († 1500?) 6. AUTORES SECUNDARIOS (S. XV)
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[429] Los límites de nuestro estudio sólo nos permiten considerar la literatura catalana asuncionista de los siglos XIII, XIV y XV. Dividiremos nuestro trabajo en dos partes. En la primera consideraremos la literatura popular, representada por: 1.º Els Goigs de Nostra Dona; 2.º El Misteri d'Elx, y literatura culta, figurada por: 1.º Ramón Llull; 2.º El Maestro Eximenis; 3.º San Vicente Ferrer; 4.º Sor Isabel de Villena; 5.º Juan Roíç o Roig de Corella, y 6.º Autores secund Sabido es que con la muerte de Eximenis (1409?), o, más propiamente dicho, con la muerte de San Vicente Ferrer (1419), parece cerrarse el período áureo de la producción ascético-mística catalana de la Edad Media. Mas, prolongaciones gloriosas de este período son, también, Sor Isabel de Villena, cuya Vita Christi es más dulce que la miel y el panal, y Juan Roiç o Roig de Corella, cuyas obras rimadas La Vida de la Verge Maria, Les laors de la Verge Maria y, muy especialmente, Oració a la Verge Santa Maria bastarían ellas solas para enriquecer la literatura catalana antigua. Huelga decir que los documentos anónimos citados son de gran valor, como exponentes del sentimiento religioso popular.
1.º Goigs de Nostra Dona (s. xiv) Dice Alfonso Serra y Baldó: «D'entre les devocions a la Verge Maria que obtingueren una major difusió a l'edat mitjana, a l'escalf de la intensa propaganda de la vida de la Verge, feta pels dominics des dels primers temps de la seva actuació apostòlica, la dels Goigs de la Mare de Déu va ésser tinguda en especial estima i celebrada ben aviat amb una copiosa literatura laudatòria. Els personatges més assenyalats de la Vida de la Verge, fites glorioses de la seva sanctedat, són glosats en múltiples composicions [430] que canten els cinc, els set, els nou, els deu, els dotze, o fins els quinze goigs terrenals de la Verge Maria».1 Si bien estos gozos no fueron escritos hasta mediados del siglo XIV, su composición se remonta mucho más arriba. Vaya a manera de ejemplo, y sólo en la parte que nos interesa, la siguiente:
2.º El Misteri d'Elx (s. xiv?) Por ser harto conocido, no haremos sino citar el Misterio de Elche, llamado así porque aun hoy día se representa en esta ciudad, los días 14 y 15 de agosto. Es incierta la fecha de su origen. Milá y Fontanals2 lo tiene por anterior a 1492, y otros hacen remontar su origen hasta el siglo XIII. Es el único drama litúrgico antiguo que nos ha llegado completo. Constituyen el argumento de este misterio el tránsito y la asunción en cuerpo y alma de la bendita Madre del Redentor. Consta de dos jornadas, puestas en escena en días diferentes. En la primera represéntase la muerte de María, y tiene 132 versos. En la segunda, la asunción, y tiene 61 versos, amén del salmo 113, In exitu Israel de Aegypto. Su argumento es, en el fondo, la conocida leyenda dorada. Y nada más sobre este famoso Misterio, declarado monumento artístico nacional por Decreto del Gobierno de la República en fecha de 15 de septiembre de 1931. [431]
3.º Lo passament de la Verge Maria (s. xv) Ms. de mediados del siglo XV, propiedad de la familia Borrell, de Sulterra, publicado en Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, X (1921-1922), 196-222. Carece de valor literario y doctrinal. Es el Pseudo-Melitón con algunas variantes. María está en el templo de Jerusalén, suplicando a su Hijo le revele el día de su muerte. Su oración es oída. El arcángel San Gabriel le aparece, y, poniendo en sus manos una palma «pus resplendent que negun siri cremant», le anuncia de parte del Rey del cielo que su muerte ocurrirá al cabo de tres días, y a ella estarán presentes todos los apóstoles. El primero en llegar es el discípulo amado, que viene de muy lejos, de Aspaya (Espanya). María le notifica la triste nueva, y le ruega que guarde muy bien su sepulcro, porque los judíos lo querrán quemar. Uno tras uno, llegan los demás apóstoles, incluso San Pablo, y corren todos alrededor del hecho de la Virgen. María se despide de todos ellos y les dice que a la hora de Tercia entregará su espíritu en manos de Jesús, rogándoles que, cuando se verifique su entierro, lleven la palma delante de su ataúd. Abrese la gloria de los cielos, y baja el Salvador con toda la corte angélica para recoger la bendita alma de la Santísima Virgen. ¿La dulcedumbre de los cánticos celestes, quién la podría decir? Mientras los apóstoles llevan los sagrados despojos al valle de Josafat, irrumpen los judíos para arrebatar el sagrado cuerpo y quemarlo. Mas, en virtud de un estupendo prodigio, arrepiéntense de su sacrílego atentado, y se hacen todos cristianos. «...e los apóstols, tenent lo sant cos de la verge Maria molt honradement tres dies e altres jorns, vench molt gran claradat del cel e gran resplendor: de laviós tornà la ànima de la verge Maria en lo cos, e lo seu preciós car Fill pujà-sse'n la sua Mare gloriosa en cos e·n ànima alt en la glória de paradis ab molts grans alegrias, ab preciosas curtines daurades, ab molts grans cants de àngels denant la verge Maria, e lo seu preciós car Fill asec-la en la dreta part de Déu lo Pare e coronà-la de una preciosa corona de ·xii· esteles per los dotze goygs complits que ella hach del seu car fill Jhesu Xrist». Solamente Tomás, el apóstol rezagante, que llega de las tierras de Judea, es testigo del misterio inefable. Los apóstoles hacen gracias a Dios y se esparcen por el mundo predicando la buena nueva.
María, participante con Cristo en la obra de la reparación y redención del linaje humano, debió tener parte con Cristo en su gloriosa ascensión a los cielos. Este es el pensamiento del Iluminado Doctor Beato Ramón Llull, terciario franciscano, sol radiante del cielo mallorquín. [432] Tres son los libros en los que el Bienaventurado Maestro habla de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos: Doctrina Pueril (Mallorca, 1278), Arbre de Sciència (Roma, 1296) y el Libre de Benedicta Tu in mulieribus (Valencia, 1311?), cuya autenticidad es, hoy por hoy, muy discutida.3
Al subir Nuestro Señor Jesucristo a los cielos, después de su gloriosa resurrección, dejó en este mundo a su Madre santísima para que, así como María había velado y protegido el sueño del Redentor en su pobre cuna de Belén, así también velara y protegiera el sueño de la naciente Iglesia. María, lo mismo en Belén que en el cenáculo, se muestra siempre Madre de Cristo. Allí, de la cabeza; aquí de sus miembros.
Murió Nuestra Señora porque no quiso Dios exceptuarla de la muerte, como tampoco había exceptuado de ella a su divino Hijo. Mas el cuerpo de la Inmaculada Virgen no conoció la corrupción del sepulcro, sino que, una vez ejecutado el decreto divino que quiso sujetarla a la muerte, el alma volvió a informar el cuerpo de la bendita Madre de Dios, que, colocada en una carroza de luz, fué transportada en cuerpo y alma a lo más alto de los cielos. Ramón Llull recoge los ecos algún tanto líricos y algún tanto dramáticos de aquella leyenda dorada, difundida en Oriente en el siglo V con el nombre de un discípulo de San Juan, Melitón de Sardes, y algo más tarde enseñada en las Galias por Gregorio de Tours: la leyenda del ángel de la Anunciación, que se aparece a María y le entrega una palma, diciendo: «María, levántate; te traigo esta rama de un árbol del paraíso, para cuando mueras la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anunciarte que tu Hijo te aguarda»; la leyenda de los apóstoles que, sembrando la semilla evangélica por todas las partes del mundo, se sienten impelidos por una fuerza arcana hacia Jerusalén, en torno del lecho amoroso de su Madre y Maestra. Todos los ángeles y santos del cielo, y a la cabeza de todos ellos Jesucristo, rey y Señor de todos ellos, toman parte en el majestuoso cortejo que acompaña a Nuestra Señora a las mansiones de la gloria. El desfile es largo, y llega de la tierra al cielo. Todos celebran con dulces himnos el triunfo de la Madre de Dios: [433]
Una vez entrada María en las regiones empíreas, siéntase a la diestra de su Hijo, y más cerca de él que ninguna otra criatura. En el cielo hay dos coronas más bellas y preciosas que las de todos los santos y ángeles: la una es de Nuestro Señor Jesucristo, la otra, de su Madre purísima:
Allí con las dulces miradas entre la Madre y el Hijo, y el Hijo y la Madre. Allí María consume su unión con el Verbo por medio de la perfecta posesión y del cumplido goce que no tendrà fin...:
Allí son las dulces miradas entre la Madre y el Hijo, y el Hijo y la de todos los bienaventurados, que la aclaman sin cesar por su augusta Soberana. Y todo el cielo se deleita contemplando la belleza y fulgor de aquel cuerpo glorioso que brilla más que la luz del sol en mediodía, y en cuyas sienes campea una corona que aventaja en riqueza y galanura a la de todos los bienaventurados, excepción hecha de su divino Hijo:
B) Razones en pro de este misterio En el Libre de Benedicta Tu in Mulieribus hallamos cuatro argumentos de fuerza en favor de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos, argumentos que, si bien son de fondo escolástico —en alguno que otro de ellos percibimos al menos ligeramente el eco del Pseudo-Agustín, San Alberto Magno y el Doctor Angélico—, presentan, empero, modalidades típicamente lulianas. Advirtamos desde ahora que, aunque este libro no fuera escrito por el Beato Ramón Llull,9 no por ello deja de interesarnos grandemente, ya que, según todos los lulistas, su origen se remonta no menos allá de 1335, constituyendo así un valioso y venerable testimonio de la literatura teológico-mariana catalana de la Edad Media, y, más concretamente, si no del sentir del Doctor Iluminado, al menos, de la escuela luliana levantina de principios del siglo XIV. Contiene, por tanto, en el fondo, el pensamiento del Bienaventurado Maestro. El capítulo VIII de dicho libro, «en que se prueba y se declara que Nuestra Señora es bendita sobre todas las mujeres por estar ya en cuerpo y alma en el cielo, en presencia de su Hijo», está constituído, al igual que los anteriores, por un diálogo entre el Beato y la Virgen María, que es todo un panal de mieles:
Vienen ahora las cuatro razones indicadas al principio. Razón primera:
Razón segunda:
Razón tercera:
Razón cuarta y última:
2.º El maestro Fray Francisco Eximenis (1340?-1409?) Muy poco sabemos de su vida. Sabemos que nació en Gerona casi a mediados del siglo XIV —algunos suponen que en 1340—; que fué de la Orden de los Menores del Pobrecillo de Asís, y que vivió casi siempre en la ciudad de Valencia, hasta el punto que, en varios documentos, se le llama valenciano. Sabemos, también, que fué famoso maestro y predicador, amigo íntimo de San Vicente Ferrer, familiar y confesor de los reyes de Aragón y partidario del antipapa Benedicto XIII, que en 1408, en el Concilio de Perpinyà, le otorgó el título de Patriarca de Jerusalén, y, un mes después, la administración de la Silla de Elna.15 [437] Eximenis escribió muchos libros, la mayoría de ellos en catalán, sobre Teología, cánones, ascética cristiana, apologética, filosofía moral, política, sociología y hasta de economía y arte militar, pudiendo decirse de él que cierra la puerta de los enciclopedistas catalanes de la Edad Media. A nosotros sólo nos interesa mencionar su Vida de Jesucrist o Vita Christi, escrita en su vejez a ruegos de Mosén Pedro de Artés, maestro racional del Rey Don Juan, y de la cual han sido inventariados veinte mss., más dos de perdidos, en su lengua original, otros dos con la versión francesa y otro con la española. En este libro, todavía inédito, está principalmente contenida toda la Mariología del maestro Eximenis; el primado absoluto de Jesucristo y de María, la concepción inmaculada de la Madre de Dios, su virginidad perpetua, su dignidad casi infinita, su cooperación a la obra de la redención, su maternidad espiritual, su universal mediación, su señorío y realeza y otras grandezas y privilegios de María. Nosotros hemos tenido ante la vista el ms. del siglo XV de la Biblioteca Central de Barcelona, que hemos podido estudiar gracias a los buenos servicios que nos prestó nuestro apreciado amigo D. Pedro Bohigas. Merce señalarse la exquisita delicadeza de aquella alma franciscana del maestro Eximenis, cuando supone que el primer acto de la Virgen María, en uso perfecto de razón desde que fué concebida, fué entonar el Magnificat en hacimiento de gracias a Dios por la dignidad sublime a que la había predestinado. Siendo de notar que, al decir del maestro gerundense, si la Virgen María no rehuía el altísimo honor de Madre de Dios, era, entre otras razones, para vindicar el honor de las mujeres:
Palabras que, en su rústica simplicidad, encierran una sublime verdad mariana, es a saber: que en el día del juicio, la Madre de Dios, por graciosa liberalidad de su Hijo, el divino Juez, tendrá en sus manos las llaves de los cielos y de los infiernos. Pensamiento profundo que vemos manifestado, si bien en otras palabras, en el Doctor Iluminado, Beato Ramón Llull:
[438] Pero pasemos ya al objeto principal de nuestro trabajo, es a saber: el misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos. Fray Francisco Eximenis defiende este misterio y trae en favor de él cinco razones, que podemos resumir de la manera siguiente: 1.º No convenía que viera la corrupción del sepulcro aquel cuerpo precioso que jamás estuvo manchado de pecado, ni actual ni original. 2.º Si, como dice San Mateo, después de la muerte del Salvador resucitaron no pocos santos, era muy puesto en razón que también resucitara la gloriosa Virgen María, después de su muerte. 3.º Lo que tanto más debe creerse cuanto que es el mismo Doctor San Agustín quien dice que, todos los años, en la solemnidad de la Resurrección del Señor, ocurre nueva resurrección de santos. Luego mucho más la Madre del Salvador no podía menos de ser resucitada. 4.º Porque no se puede decir que el cuerpo precioso de María, sin linaje alguno de pecado, sea en el infierno, ni en el purgatorio, ni tampoco en la tierra, ya que si hubiera quedado sepultado en ella, por cuanto Dios tiene cuidado de hacer honrar los cuerpos de los apóstoles Pedro y Pablo y de los demás santos, mucho más haría honrar como merece el cuerpo virginal de su santísima Madre. Síguese luego que el cuerpo de la Inmaculada Virgen María esté en el cielo y, por consiguiente, fué resucitado y glorificado en gloria. 5.º Y éste es el sentir de la Santa Iglesia y de los Padres y Doctores, que tienen a grande ofensa negar este privilegio de María. En el apéndice I damos el texto original catalán.
3.º San Vicente Ferrer (1350-1419) En san Vicente Ferrer, flor de la ciudad de las flores y honor y prez de la ínclita Orden de Santo Domingo, más que al confesor y amigo y consejero de papas y de reyes, hay que admirar al santo apóstol de Europa, en boca del cual la lengua catalana, que cada uno de los oyentes del predicador oía por milagro traducida en su propio idioma, recorrió triunfalmente las tierras de Castilla, Galicia, Provenza, Llenguadoc, Italia, Francia, Suiza y otros países, fustigando el vicio, ensalzando la virtud, predicando la paz y convirtiendo a miles de moros y judíos, herejes y cristianos. A su paso por los pueblos florecían las virtudes y caían lluvias de bendiciones celestiales. Tanta era la celebridad del santo orador, que su íntimo amigo y contemporáneo el Maestro Eximenis, algún tanto rigorista, temía en cierta manera que Fray Vicente se mantuviera en humildad, como se desprende de la siguiente nota del Llibre de memòries de la ciutat e regne de València: «Aquest [Eximenis] fonch contemporaneo de St. Vicent Ferrer y lo que li dix vent-lo anar acompañat de millarars de persones: Frare Vicent, que fa la bufa», es, a saber, la vanidad.17 [439] En 1413 los jurados de Mallorca llaman al apóstol para que remedie la situación política, social y moral de la isla. «Llegó el Maestro Ferrer en 1.º de septiembre del mismo año, acogido, más que con júbilo, con verdadero culto, y la lluvia que al tercer día de su predicación atrajo sobre la agostada tierra fué prenda del efecto que iba a obrar en los corazones el rocío de su palabra: no cesaron en un mes dentro de la ciudad los sermones, las rogativas, las procesiones nocturnas, las flagelaciones generales; y recorriendo enseguida el llano y la montaña, no quedó villa ni aldea donde no resonase su voz apocalíptica, ni iglesia que aún no ostente entre sus antigüedades el carcomido púlpito bendecido por el santo. Templos y calles y campiñas están llenas de tradiciones milagrosas relativas al taumaturgo valenciano, que no se despedió de Mallorca hasta el 22 de febrero siguiente, reclamado con urgencia por el monarca Juan I»,18 no sin antes haber hecho resonar su tremenda voz apocalíptica en las altas y anchas naves de la monumental seo mayoricense, consagrada al Misterio de la Asunción de la Madre de Dios.19 En el Archivo Capitular de Valencia, señalados con el número 278, guárdanse cuatro volúmenes manuscritos de Sermones Sancti Vincentii Ferrarii (letra del siglo XV), escritos en catalán y recogidos por alguno de sus oyentes, uno, seguramente, de aquellos notarios que le seguían por doquier y que, recogiendo sus palabras por el sistema de abreviaciones tan frecuente en la época, confeccionaban luego los sermonarios para uso de los predicadores. En el volumen quinto, todavía inédito, hallamos tres sermones sobre la Asunción de la Virgen María. Toda vez que los recogemos en apéndice, nos contentaremos con acentuar solamente algunos pensamientos del santo orador:20 1.º Los santos del paraíso tienen gloria cuanto al alma, pero no cuanto al cuerpo, que no la tendrá hasta el día del juicio. Mas la Virgen goza ya de toda la plenitud de gloria en el cielo, cuanto al cuerpo y cuanto al alma, pues que, al tercer día de su muerte, fué transportada en cuerpo y alma a las mansiones celestiales. 2.º Pues que María participó con Cristo en la reparación y redención de los hombres, debió también tener parte con Cristo en su gloriosa asunción a los cielos. No lo dice expresamente el santo, mas esta razón síguese [440] de todo el contexto de los sermones, en los cuales hace especial hicapié en la parte que tuvo María en la pasión de su Hijo... «...car axí com lo cors de Jesucrist stigué mort tres dies, axí lo cors de la verge Maria, mas resucità al tercer dia, e ara ha gloria e cors e ànima». 3.º El cuerpo de Nuestra Señora ocupa en el cielo el más alto trono de gloria, después de su divino Hijo. 4.º El gozo que tuvo la Virgen en el día de su Asunción corporal es el mayor de todos los gozos. El pensamiento del santo aparece más claramente manifestado en la edición latina de 1539.21
5.º La fiesta de la Asunción de la Madre de Dios es la mayor y complemento de todas las fiestas marianas.
4.º Sor Isabel de Villena (1430-1490) En el siglo, Leonor Manuel de Villena, hija de D. Enrique, Marqués de Villena, y prima y sobrina de la reina María, mujer de D. Alfonso V de Aragón. A los quince años entró en el Monasterio de Pobres Damas Clarisas de la Trinidad, de Valencia, del que, a los treina y cuatro años, fué elegida abadesa, ejerciendo este cargo hasta su muerte. Es autora de la célebre Vita Christi, en donde no sabemos qué alabar más, si su vasta erudición bíblica, patrística y ascética, o si la pureza del estilo y la galanura de la frase. En el epílogo de este libro, escrito por mano de alguna de las hijas espirituales de la piadosa abadesa, léense estas palabras que dicen a nuestro propósito: [441]
5.º Juan Roiç de Corella († 1500?) Pocas noticias biográficas tenemos de Mossén Juan Roiç de Corella, llamado simplemente por sus contemporáneos Mossén Corella, buen poeta, mejor prosista y, sin duda alguna, el más alto representante del renacimiento del género religioso. En los viejos manuscritos es llamado «Cavaller de València i Mestre en sacra Teologia». Fundándose en esta clasificación de Maestro en sagarda Teología, alguien ha sostenido que Juan Roiç fué eclesiástico, opinión que se quiere ver corroborada en el hecho de que un poeta contemporáneo le conceptúe de predicador insigne.24 En este caso sería bueno suponer que pertenecen a su primera juventud algunas de sus producciones literarias que desdicen del estado clerical, y menos en un místico tan renombrado como Roiç de Corella. Sea lo que fuere de su estado, lo cierto es que Juan Roiç de Corella es uno de los poetas teólogos marianos más insignes de la Edad Media, y, después de Ramon Llull, de cuya voz parece ser a veces el eco, el que con más gracia y viveza ha cantado la corredención de la Virgen María. Así, por ejemplo, cuando María canta el Magnificat, al dulce sonido de aquella voz bailan los ángeles en el cielo, y en el limbo los santos padres y profetas celebran grandes fiestas:
Es aquel grito de júbilo de Abraham recordado por Ramón Llull:
Así también, al tener la Virgen María entre sus brazos al Hijo muerto, de los ojos de la Madre salen ríos de lágrimas que, mezclándose con la sangre de las llagas del Redentor, hacen un ungüento de infinito precio para lavarnos de las manchas del pecado: [442]
Glosa magnífica de aquello que escribió el Doctor Iluminado, hablando del sacramento de Extramaunción:
Podemos dividir las obras marianas de Roiç de Corella: a) en prosa, y b) en verso. a) En prosa es autor de un Tractat de la conceptió de la sacratíssima verge Maria, que se ha perdido. Sabemos, empero, que tenía tres partes, la primera sobre el concepto y el origen del pecado original, la segunda sobre el privilegio de la Madre de Dios, y en la tercera resolvía los argumentos de los contrarios.29 b) En verso, Roiç de Corella es autor de las siguientes obras: 1.º La vida de la verge Maria [Ans que del cels girant mogués la roda]. 2.º Les lahors de la verge Maria [Terme perfet del etern consistori]. 3.º Oració a la verge Maria, que empieza [Ab plor tan gran – que nostres pits abeura], inspirada en el libro cuarto de la vida de Jesucristo del Cartusiano, que Juan Roiç había traducido al catalán. En las dos primeras hallamos dos preciosos testimonios en favor de la gloriosa Asunción de la Virgen María, cuyo cuerpo, al decir del poeta valenciano, brilla en el cielo como refulgente rubí, más aún, como la luz meridiana del sol:
El autor no se contenta con afirmar el misterio de la Asunción de la Virgen Santísima. El poeta-teólogo nos da también la razón por qué el inmaculado cuerpo de María, la sola vista del cual, viviendo la Madre de Dios, mataba los gusanos de la concupiscencia en todos los que la contemplaban, no podía permancer hasta el fin de los siglos orpimido bajo la losa del sepulcro, hecho pasto de la podredumbre. No podía de ninguna manera convertirse en polvo y ceniza la carne de María, que es la misma carne de Cristo:
Jesucristo, pues, de ninguna manera hubiera podido subir a los cielos sin arrastrar en pos de sí a aquella de cuya carne y sangre había tomado su cuerpo. Lo que decía Blosio: Videbatur Christo quod non totus ascendisset in coelum donec illam ad se traxisset de cuius carne et sanguine traxerat corpus suum.33 Argumento que, en rigurosa teología, no pasa de ser de simple conveniencia, ya que la Asunción no se deriva necesariamente del concepto de divina maternidad.
6.º Autores secundarios (s. XV) Como autores secundarios podrían citarse el valenciano Miguel Péreç, autor de la popular Vida de la Sacratissima Verge Maria, impresa en Valencia el año 1494 y reeditada muchas veces con el nombre de Verger de la Sacratíssima Verge Maria,34 Juan Santcliment, nahiper: [444]
Juan del Bosch, ciudadano de Játiva:
Luis Garcia, scrivent:
Bernardo Despuig:
Jerónimo Montçó:
Francisco de Sant Ramón:
y otros poetas que presentaron en el certamen de 1474, y cuyo sentir podemos resumir en los siguientes versos, puestos en boca de la Virgen:
No hace falta citar otros nombres. Basta lo dicho para probar que en este clamor general de teólogos y escritores hispanos, pregonando jubilosamente el Misterio de la Asunción de la Virgen María, tienen parte muy importante los maestros y autores catalanes. La lista que hemos dado, [445] sin pretender que sea completa, es del todo suficiente. Los autores citados son representantes genuinos de todas las clases sociales y religiosas. Pertenecen a la nobleza y al pueblo, a los leídos y a los legos, al alto y bajo clero, al elemento seglar y al religioso, y, más concretamente bajo este aspecto, a las tres familias religiosas más significativas de la época, como son la Orden de Predicadores, representada por San Vicente Ferrer; la de Menores, figurada en el Maestro Eximenis, y la de Pobres Damas Clarisas, significada en Sor Isabel de Villena. Constituyen, pues, una común manifestación de los fieles que, según los teólogos, si ya no lo es, no dista mucho de ser una prueba suficiente de certeza. Y ya que de teólogos y escritores catalanes medievales hemos hablado. Séame lícito acabar con un poeta mariano del siglo XV que presentó en el certamen de 1474, Mateo Esteve:
A mis buenos amigos D. Pedro Bohigas y D. José de Casacuberta, de Barcelona, Dom. P. Auscario Mundó, de Montserrat, y Rdo. P. Miguel Batllori, S. I., mi más reconocida afecto por todas las atenciones recibidas en orden a este estudio.
APÉNDICE I37 [B. C. B. Ms. 460. Vida de Jesucrist de Eximenis, Llibre X, tractat 5, fols. 259r-159v] Ca. XVIII. Com la gloriosa stech ressucitada en cors e ànima. Aprés ·iiii· jorns que la gloriosa fou passada de aquesta vida ella stech ressucitada de mort a vida, e és en glòria en cors e en ànima en paradís, ne en açò reu posar dupte christià, cor aquel presiós cors qui jamés no hac en si màcula de negun peccat, no dech ésser corumput en la terra. Segonament, attén a açò que diu sent Matheu, ço és, que aprés la mort presiosa del Salvador molts sants ressucitaren; donchs molt més appar que la gloriosa aprés sa mort sia stada ressucitada. Terçament, cor diu sent Agustí en un sermó de pasqua que tots anys en la sollepnitat de la resurrecció del Salvador se fa novella resurrecció de sants; donchs, si dels altres sants se fa novella resurrecció de sants, segueix-se que la sua santa mare no pot ésser que no sia ressucitada. Quartament, car no·s pot dir que lo seu preciós cors sia en infern, ni en purgatori, car jamés no hac negun linatge de culpa, ni·s pot dir que sia en la terra, car si u era, axí com Déu fa honrar los cossos de sent Pere e de sent Pau e dels altres sants, molt més faria honrar lo preciós cors de la sua mare si era en la terra, donchs seguex-se a sufficient diffinició que lo preciós cors sia en lo cel, e per con-[446]següent és ressucitat e glorificat en glòria. De aquesta conclusió és la santa sgleya e la multitud dels doctors christians qui oyr lo contrari han per singular offensa, perquè diu Epiffanius en lo sermó de la sua assumpció axí: omnis christianus, etc. ço és que tot christià deu fermament creure que la gloriosa Mare de Déu és aprés la humanitat del seu gloriós fill subirana creatura dada en regina dels àngels e advocada als hòmens e qui en lo juý final se mostrarà a ells cara mara. En senyal de la qual cosa lo jutge piadós li ha assignada sepultura en la vall de Iosafat on serà lo juý final e general. Donchs, christià, diu aquest doctor, tostemps aprés déu aquesta tan gran e tan santa mare sia ta advocata, ta patrona e la tua cara e dolça mare, car aquesta te ajuderà en totes tes necessitats, en vida e en mort, ni·t desempararà jamés, car és tota pietat e plena de tota dolçor, e la qual, aprés Déu, sia totstemps la tua ferma sperança, e sens dupte par sa ajuda seràs ací ajudat e desliurat. E aprés per gràcia del seu fill supplicant per tu seràs aprés salvat amén. E ací és acabat ço qui pertany al primer temps del cors de la santa sgleya christiana parlant certament segons que posà lo dit Gervasyus Sabinensis demunt al legat. Resta ara que digam ab ajuda del nostro Salvador e certament caucom de so ço qui·s pertany al segon temps de la dita santa sglésia cristiana segons que pose lo dit devot e piadós gran doctor e cardinal Gervasius Sabinensis.
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* Estudios Marianos, vol. VI (1947), p. 429-455. 1 Cfr. A. SERRA I BALDÓ, «Els Goigs de la Verge Maria en l'antiga poesia catalana», en Homenatge a Antoni Rubió i Lluch. Miscel·lània d'estudis literaris, històrics i lingüístics, III, Barcelona, 1936, 367-386. El texto citado está tomado de Am. Pagès, «La "dansa" provençale et les "goigs" en Catalogne», en Homenatge a Antoni Rubió i Lluch, I, Barcelona, 1936, 10-11. Al margen de los versos usamos las abreviaciones siguientes: S.=Solista; C.=Chor (1.er C.=1.er Chor; 2.on C.= 2.on Chor). 2 Obres completes, VI, Barcelona, 1895, 221. Véase, además, la bibliografía que lleva J. MASSÓ TORRENTS, Repertori de l'Antiga Literatura Catalana, I, Barcelona, 1932, 103. 3 La autenticidad de este libro defiéndela acérrimamente el P. Bartolomé SALVÁ, T. O. R., en su reciente libro La paternidad luliana del «Liber De benedicta Tu in mulieribus», Palma de Mallorca, 1946. 4 Doctrina pueril, ORL = Obres de Ramon Llull, I-XX, [Palma de] Mallorca, 1906-1938, I, p. 87. 8 Arbre de Sciència, ORL, XII, 198. 9 Hizo no poca luz sobre el particular el citado libro del P. SALVÁ, T.O.R., Paternidad luliana del «Libre de Benedicta Tu in Mulieribus». 10 ORL, X, p. 348 y siguientes. Usamos la magnífica versión castellana de 1739, páginas 147-148. 15 En el Archivo de la Corona de Aragón consérvanse no pocas cartas que hacen referencias al Maestro Eximenis. En una de ellas, fechada en Barcelona, 5 de agosto, 1373, la reina Leonor otórgale 25 florines de oro para ayudarle a cubrir los gastos que haga en Tolosa al obtener el título de Maestro en Teología. En otra carta, fechada en Valencia, 25 de marzo 1374, la infanta Mata recomienda al canciller del Estudio de Tolosa «lo religiós e amat nostre frare Francesch Exemenis, de l'orde de los frares Menors, lo qual es aquí per haver magisteri en la sacra theologia...». En otra tercera carta, escrita en Elna, día 15 de noviembre de 1384, el infante don Juan elige al sabio y virtuoso franciscano para su confesor. En otras dos cartas, fechadas, respectivamente, en Villafranca del Penedés, día 27 de diciembre 1392, y en Valencia, a 9 de junio 1402 el rey don Juan y el rey don Martín entablan relaciones literarias con el sobredicho religioso. Cfr. A. RUBIÓ I LLUCH, Documents per l'Història de la Cultura Catalana Migeval, I, Barcelona, 1908, p. 248-249; 254-255; 325-326; 777; 423. Cfr. J. MASSÓ I TORRENTS, «Les Obres de Fra Francesch Eximeniç (1340?-1409?). Ensaig d'una bibliografia», en Anuari de l'Institut d'Estudis Catalans (1909-1910), 588-692. J. TORRAS I BAGES, La Tradició Catalana, Barcelona, 1924, 308-358. P. MARTÍ DE BARCELONA, «Notes i documents franciscans», en Estudis Franciscans, 36 (1925), 449. Id., «Fra Francesc Eximenis, O. M.», en Collectanea Sarrianensia, I, fasc. 13. Id., «Catalunya vista per Fra Francesc Eiximenis», en Estudis Franciscans, 46 (1934), 79-97. P. A. IVARS, «El escritor Fr. Francisco Eximénez en Valencia», en Archivo Ibero Americano, XIV, 76 y s.; XV, 289 y s.; XIX, 359 y s.; XX, 210 y s.; XXIV, 325 y s.; XXV, 5 y s., 269 y s. P. A. LÓPEZ, «Datos para la biografía de Fray Francisco Eximenis, Patriarca de Jerusalén», en Archivo Ibero Americano, II, 229-240. J. H. PROBST, «Francesc Eiximenis, ses idées politiques et sociales», en Revue Hispanique (1918), 1 y s. P. BOHIGAS, «Repertori dels manuscrits catalans de la Fundació Patxot», en Estudis Franciscans, XV (1930), 110-112. 16 Hores de Nostra Dona, XIX, 181, v. 197-208. 17 Cfr. P. BOHIGAS, l. c., p. 221. 18 J. M. QUADRADO, Islas Baleares, p. 242. 19 El folklore mallorquín está lleno de recuerdos y tradiciones del santo. Una de las canciones populares, conocidas con el nombre de dècimes desbaratades, reza así:
Y, entre los cuentos populares, al menos 14 de ellos se refieren al taumaturgo y orador valenciano. Cfr. Aplec de rondayes mallorquines d'Eu Jordi des Recó (Mn. Antoni M. Alcover) tomo V, Barcelona, 1924, 110-123. 20 En los dos volúmenes editados por la editorial Barcino: Sant Vicenç Ferrer. Sermons (Barcelona, 1932-1934) hay publicados los siguientes sermones (vol. 1.º): desde In vigilia Ascensionis domini Iesu Christi hasta Feria II post Dominicam I post Trinitatem; (vol. 2.º): desde In vigilia sancti Iohannis Babtsite hasta Feria III [post Dominicam V post Trinitatem]. Para más noticias sobre el santo orador, cfr. TORRAS I BAGES, l. c., p. 273-307, en donde se cita, también: R. CHABÀS, Estudios sobre los sermones valencianos de San Vicente Ferrer que se conservan manuscritos en la Biblioteca Metropolitana de Valencia, Madrid, 1903. 21 En la Biblioteca Provincial de Palma de Mallorca hay una edición latina de 1539 que contiene solamente dos sermones sobre la Asunción, el segundo de los cuales, que, por otra parte, no ofrece especial interés, falta en el manuscrito de Valencia. 23 Llibre anomenat Vita Christi, compost per Sor Isabel de Villena, III, «Biblioteca Catalana de R. Miquel i Planas», Barcelona, 1916, 364. 24 Mosén Fenollar, en la copia que dirige a Mosén Corella y que empieza así: «Un altre sant Pau/ ohint vos contemple;/ quant vos sermonau,/ alegra's lo temple...». Téngase en cuenta que también los laicos, con la debida licencia, podían predicar en aquel tiempo en las iglesias. Cfr. la introducción de Obres de Roiç de Corella, «Biblioteca Catalana de R. Miquel i Planas», Barcelona, 1913, IX y s. y la bibliografía que trae M. GARCIA SILVESTRE, Historia Sumaria de la Literatura Catalana, Barcelona, 1932, 392. 25 Obres de Roiç de Corella, p. 395. 27 Obres de Roiç de Corella, p. 409. 29 Cfr. M. GARCÍA SILVESTRE, l. c., p. 264. 30 La vida de la Verge Maria, en Obres de Roiç de Corella, p. 399. 31 Les lahors de la Verge Maria, Obres de Roiç, p. 405. 32 Ibídem, p. 403. Casi el mismo pensamiento vemos expresado en La Vida de la Verge Maria (Obres..., p. 394):
34 Cfr. M. GARCÍA SILVESTRE, l. c., p. 230. La Vida i miracles de la Verge, ms. 711 de la Biblioteca Central de Barcelona no toca para nada la Asunción, lo que no tiene nada de particular si se tiene en cuenta que ese texto brevísimo, de tres folios de pequeño formato, habla solamente del nacimiento y algunos milagros de la Madre de Dios. Sería muy interesante dar con el Tractat del pujament de la Verge Maria, citado en el inventario de los bienes de Juan Spigol mercader de Catí, hecho después del 30 de septiembre de 1450. Cfr. Butlletí Bibliogràfic de Catalunya, VI, Barcelona, 1925, 316. 35 Cfr. Les Trobes en lahors de la Verge Maria, Valencia, 1894 (sin paginación). 37 De los dos apéndices sólo transcribimos el primero, ya que el segundo recoge los sermones de san Vicent Ferrer, que pueden consultarse en la sección de «Documents de la Festa». [N. de la Redacció] |