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ESCRITS SOBRE LA FESTA |
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AUTO LÍRICO
RELIGIOSO QUE SE REPRESENTA TODOS LOS AÑOS EN
Adolfo Herrera
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Sr. D. Adolfo Herrera Estimado amigo: accedo á su amable invitación, y ahí vá un par de cuartillas para celebrar la reedición de su notable estudio sobre La Festa de Elche, publicado el año 1896. ¡Coincidencia singular! Se reedita su estudio para conmemorar la reapertura de la Iglesia, convenientemente restaurada, de Santa María, y yo me hallo corrigiendo las pruebas del que, sobre la misma materia, publiqué el año 1901 en el Sammelbande der internationalen Musikgesellschaft (Leipzig) para que me sirva de texto á dos conferencias, acompañadas de la ejecución de la interesante música de La Festa, que he de dar, próximamente, la primera en Montpellier, durante las Fiestas Musicales de Abril próximo, y la segunda, acompañada, asimismo, de la audición musical correspondiente, en el Centre Excursionista de Catalunya, establecido en esta capital. Nadie nos ha superado, á V. y á mí, en amor á La Festa y en entusiasmo al asistir á ella para presenciar ese único documento seobreviviente en toda Europa de un auto, un misterio ó un drama lírico-litúrgico tan interesante como el que posee Elche. Y vuelvo á las andadas repitiendo lo que ya expuse en mi estudio: que se restaure La Festa. Ninguna ocasión como la presente para restaurar esa joya (doblemente preciosa para la historia, mal estudiada, de nuestro teatro moderno bajo el aspecto musical y literario) de las corrupciones que en su ejecución han introducido la acción de los tiempos y la incuria y dejadez de los intérpretes. Y vuelvo á insistir en otro punto capital que, también, señalo: que la fecha consuetudinaria de representación debía ser trasladada á otro mes más benigno en cuanto al calor, que el Agosto, para que La Festa promoviese, con la debida publicidad, una peregrinación de visitantes extranjeros, especialmente noticioso por V. y por mí, de que en Elche se representa anualmente un auto muchísimo más interesante y, sobre todo, más antiguo que la Pasión de Ober-Ammergan, representada cada diez años y que atrae a tantos visitantes á la pequeña población alemana que ha dado nombre á la representación citada. Y no digo más para no cansar ni á V. ni al benévolo lector que pierda el tiempo leyendo lo que sólo á invitación de tan estimado amigo, com es usted, se escriba. Felipe Pedrell Barcelona 20 Octubre 1905
[7] AUTO LÍRICO-RELIGIOSO EN DOS ACTOS REPRESENTADO TODOS LOS AÑOS EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA DE ELCHE EN LOS DÍAS 14 Y 15 DE AGOSTO La farsa religiosa que durante siglos viene representándose en la antigua colonia Inmunis Illici Augusta, es poco conocida en España, á pesar de la importancia que los historiadores y arqueólogos dan á este acto, y bien merece llamar la atención de los hombres pensadores y curiosos que gozan en el análisis del origen de nuestras grandezas y en el estudio de las vicisitudes de nuestro desenvolvimiento literario. Quizá la representación que va á ocuparnos esté mal vista y comentada por aquellos que la miren con los ojos del siglo XIX, en vez de buscar las lentes con que deben contemplarse los sucesos pasados, la vida de sociedades distintas á la nuestra que pensaban y discurrían con otros fundamentos históricos y científicos y concretaban constantemente su existencia á la lucha en defensa de la patria, de la familia y de la vida. Entonces, como ahora, las representaciones teatrales que con diversos nombres y en sitios oportunos tenían lugar, influían poderosamente en las costumbres y manera de ser de las sociedades, especialmente los autos religiosos que aparecen en los orígenes de nuestro teatro alentando la fe y las creencias tan necesarias en la vida de los pueblos y para nosotros indispensables en la época de nuestra reconquista. Desgraciadamente, a la crítica infundada, la crítica ignorante de aquellos que, constituídos por sí en autoridad, no conocen más edad que la suya, ha conseguido que desaparezcan de nuestras costumbres recuerdos análogos á la festa de Elche, desapareciendo con ellos tradiciones gloriosas, necesarias á la vida moral y que todos los pueblos cultos procuran conservar en su pureza. [8] Sin embargo, aún no ha desaparecido de España muchas de estas fiestas de lejano origen; particularmente se ha perpetuado en los peublos de las costas de Levante, tan castigados por los piratas moriscos durante siglos, y quizá los simulacros que antes se ejecutaban por los costeros y habitantes de los caseríos cercanos al mar, para estar prontos y adiestrados en la defensa de sus vidas y hogares, quedaron después como solemnidades dedicadas á sus santos Patronos, sosteniendo así vivo el odio contra la morisma, que no perdonaba nunca oportunidad ni medio de arrebatarles la libertad y la fortuna. ________________________ Elche es una de las ciudades más pintorescas y de clima más igual y benigno que tenemos en España. Está situada en medio de frondosos huertos y de un bosque de elevadas palmeras que ofrecen al espectador un panorama tan original como bello. Para los que pretenden investigar nuestra Historia, presenta ancho campo de estudio, pues en su recinto han tenido vida y han legado estimables recuerdos de su existencia todas las civilizaciones vecinas al mar latino. Es un pueblo amante de sus tradiciones, como lo prueba la festa de Nuestra Señora de la Asunción, motivo de estas líneas, sostenida al través de tantos siglos en todo su esplendor, á pesar de los cambios y transformaciones radicales que se han operado en la vida política y condiciones sociales de aquellos moradores. Para nuestro breve trabajo no pretendemos investigar los orígenes de la festa en documentos y justificantes del siglo XIII, época en que fue recuperada la ciudad de los moros, aunque sobran indicios en que cimentar esta opinión; y nos limitaremos á consignar algunas noticias, á partir del siglo XVI, recogidas en las diferentes publicaciones que hemos tenido ocasión de consultar. Entre todas, merece especial mención la escrita por nuestro distinguido amigo, el conocido publicista D. Javier Fuentes y Ponte, intitulada «Memoria histórico descriptiva del Santuario de Nuestra Señora de la Asunción en la ciudad de Elche (provincia de Alicante)». Obra premiada por la Academia Bibliográfica-Mariana de Lérida en 1886, y dada á luz en la misma ciudad el año siguiente. [9] Según la obra del Sr. Fuentes, la Cofradía que costeaba la festa suspendió su ejecución con motivo de la muerte del príncipe D. Carlos, hijo de Felipe II, y continuó después por algunos años sin hacerse la representación por falta de fondos para atender á los gastos que originaba. Por estos años ocurrieron en aquella región fuertes aguaceros y pedriscos que asolaron los campos y destruyeron muchos edificios, y los habitantes del pueblo atribuían estas calamidades á la falta de la festa. «El Ayuntamiento, deseoso de calmar el anhelo público y abundando en las mismas ideas, se reunió en cabildo pleno el día 11 de Marzo de 1609, y votó terminantemente hacer la fiesta desde allí en adelante, la cual tomaba á su cargo, haciendo constar que de ningún modo la impediría, aunque ocurriesen casos imprevistos, como la muerte de personas reales, etc., cuyo voto comprometió por medio de escritura solemne que consta unida al libro de los Concejos; y para atender á los gastos de la expresada festividad estableció, en virtud de licencia expedida en Torrijos por el Duque de Maqueda á 18 de Octubre del año anterior (1608) el "derecho de cabezaje y de albalán de molienda"».1 También la «Recopilación» de las cosas antiguas y modernas de la ínclita Elche, sacadas por el corregidor Cristóbal Sanz en 1621, citado por el Sr. Fuentes, y que hace referencia á la República cristiana de Fray Jerónimo Román y otros muchos autores que de la Historia de la antigua Ilici se ocuparon, contiene infinidad de datos y noticias curiosas que prueban la importancia que siempre han dado los ilicitanos á sus tradicional fiesta y las vicisitudes por que ha pasado. Tampoco faltan papeles sueltos y pequeños folletos que sirvan de guía y expliquen el argumento de la festa; por cierto que alguno de ellos, que hemos tenido ocasión de ver, contiene infinidad de erratas cometidas indudablemente al copiar el tetxo lemosín. ________________________ La actual iglesia de Santa María de la Asunción, donde se celebra la festa, es la tercera construída en el mismo sitio. Se inauguraron las obras, colocándose la primera piedra el domingo 2 de Julio de 1673, con arreglo á los planos y bajo la dirección del arquitecto D. Francisco Verde, terminándose la construcción en el siglo siguiente. La elevada torre se destaca en uno de sus lados, constituyendo la tercera parte de la fachada principal del templo, y consta de tres cuerpos. Desde ella se domina el perímetro de la ciudad, recortado por la frondosa huerta y los preciosos jardines que la circundan. La iglesia resulta espaciosa, y con relación al número de habitan-[10]tes de Elche, pocas hay en España con quien compararla, puesto que en su ancha nave principal y en sus capillas pueden acomodarse trece mil almas, según cálculos del facultativo cronista Sr. Fuentes. En la actualidad, uno de sus aristones, bóveda y la cúpula, se hallan bastante resentidos á consecuencia del terremoto del año 1829.2 Para efectuar la festa se coloca desde la puerta principal ó mayor de la iglesia una rampa que llaman andador, terminada en una escalinata de acceso al tablado donde se verifica la farsa. Este tablado ó escenario, que nombran cadafal, se eleva cerca de dos metros sobre el piso de la iglesia; tiene más de ocho metros de largo por seis y medio de ancho y está cercado por una barandilla. El servicio de la escena se hace por otra escalinata que tiene el cadafal en el lado opuesto al de la puerta, ó sea frente al altar mayor. Ocupa, pues, el escenario, parte del crucero y del presbiterio y coro correspondiente al eje central, con la puerta del cielo, de que ya nos ocuparemos, por convenir así para las tramoyas. El Ayuntamiento tiene su tribuna de madera á la izquierda del andador, junto á las capillas de San Felipe Neri y de San Joaquín, con entrada independiente. En el andador, junto al tablado, á la derecha, están los tres sillones dorados que han de ocupar durante la representación el caballero noble, portaestandarte, y los dos señores electos. Completan los preparativos para la fiesta, dispuestos en la parte baja de la iglesia, tres alegorías colocadas en las pilastras de la nave principal, sobre pequeñas repisas: el huerto de Gethsemaní, la cruz y el sepulcro. Es de advertir que tanto el altar mayor como los demás de la iglesia quedan previamente desguarnecidos y desprovistos de las aras, porque los concurrentes para presenciar esta farsa se suben á las mesas de celebración, á los púlpitos, á los intercolumnios del tabernáculo, trepan por las puertas y por donde esperan encontrar sitio, convirtiendo el templo en un teatro de público creyente, pero que se entusiasma aplaudiendo y gritando, haciendo desaparecer el carácter de seriedad y respeto propios de la iglesia católica. La tramoya de la parte alta de la iglesia es más complicada y verdaderamente impone, por el peligro á que están expuestas las personas [11] que en ella toman parte.3 El anillo toral, que dista más de 25 metros del pavimento de la iglesia, se cierra para la festa con un telón de lienzo, pintado al óleo, que oculta el andamio y las máquinas de las tramoya, dando paso á las representaciones por una puerta de corredera, de dos hojas, llamada Puerta del cielo, que se cierra tan pronto salen los aparatos, sin dejar más espacio que el necesario para las maromas de sujeción. Los cabrestantes que dan movimiento á estos aparatos funcionan dentro de una caseta de madera colocada en el terrado del presbiterio. Mucha práctica y agilidad necesitan los operarios que trabajan en esta tramoya, tanto por la precisión con que la ejecutan como por el reducidísimo espacio del andamio en que se mueven. Del libreto y de la música antiguos de esta farsa no hemos podido adquirir ninguna noticia fidedigna. Actualmente se representa con sujeción á un cuaderno llamado Consueta, escrito por un devoto y fechado en 4 de Febrero de 1639. La importancia literaria de esta composición, tan poco conocida, nos decide á publicarla íntegra. La festa se anuncia á la una de la tarde del día 14 con un gran repique de campanas, y á las tres menos cuarto se cantan solemnes vísperas por el clero parroquial en el tablado en que ha de celebrarse la farsa. A las cuatro se presenta el Ayuntamiento, con maceros, presidido por el alcalde, y ocupa la tribuna que se le tiene dispuesta. Pocos momentos después, guiados por el caballero noble y los dos electos abogados con largas varillas doradas, y todos en traje de etiqueta, entra en la iglesia la Virgen María, representada por un niño como de diez años, otras dos vírgenes, llamadas mudas; dos muchachos con túnica amarilla, fajas encarnadas y coronas de flores, que llevan las almohadas en que ha de arrodillarse la Virgen, y varios niños de escasa edad vestidos caprichosamente de ángeles. La música municipal, tocando, acompaña hasta la puerta del templo á este cortejo. La Virgen y su séquito cantan arrodillados cuatro plegarias; una dirigiéndose hacia el altar mayor, y las otras delante de la cruz, del huerto de Gethsemaní y del sepulcro, alegorías que, como ya hemos dicho, estan colocadas en las pilastras de la nave principal. En seguida se dirige la comitiva al tablado; la Virgen sube y cae de rodillas á los pies de una rica cama de ébano y plata maciza, traída de Portugal y regalada á la imagen, hacia mediados del último siglo, por D. Gabriel Ponce de León, Duque de Baños; después de un canto [12] breve, el Arcipreste, que ocupa un sillón del escenario, hace señal con un pañuelo y se abren las puertas del cielo, dando paso á una especie de granada azul, de grandes dimensiones, que se abre hacia arriba en ocho cascos, tan pronto como franquea la salida, apareciendo dentro de ella un ángel con una palma en la mano. Entonces la multitud que llena el templo aplaude entusiasmada, y al par de este ruido aumentado con la música del órgano, que apenas se oye, y con los cantos del Consueta, la granada desciende lentamente hasta llegar al sitio del tablado, próximo á la cama, entregando el ángel la palma á la Virgen, mientras entona su partitura con voz clara y buena afinación. Después de desempeñar su papel el ángel sube con la misma lentitud, y apenas ha pasado las puertas del cielo, entra por la mayor de la iglesia San Juan, acompañado por el caballero noble y los abogados electos. Viste el santo la túnica casi á la romana; lleva peluca rubia y nimbo dorado. Desempeña el papel que se le consigna en el Consueta, y le contesta la Virgen entregándole la palma. A San Juan le sigue San Pedro, que entra con el mismo acompañamiento, y después todos los demás Apóstoles. La Virgen muere en su cama, rodeada de todas las partes que están en el tablado, y entonces se abre la sepultura, que es una escotilla situada en el centro. Es de ver la agilidad y destreza con que los Apóstoles cogen á la Virgen y la arrojan á aquel foso; pero los hombres que en él están ocultos, prácticos en la operación, la reciben en los brazos y nada sufre el muchacho. Simultáneamente á esta operación, otros Apóstoles sacan de un arca escondida debajo de la cama la imagen venerada de la Patrona, cubierta la cara con una mascarilla de cera, que tiene los ojos cerrados y la colocan en vez del niño que antes la representaba. Cuando están encendidas las cuatro velas puestas en las pilastras de la cama, y previa la señal del Arcipreste, vuelven á abrirse las puertas del cielo y aparece el aparato llamado Araceli, que es recibido con gran ovación y aplausos de los concurrentes, descendiendo pausadamente hacia el tablado. El personal de esta representación va sujeto con fuertes zunchos de hierro y correas al aparato, y se compone de un sacerdote colocado de pie en el centro y revestido de alba y estola blanca y de cuatro ángeles arrodillados sobre unas repisas en los ángulos; los dos que van en la parte inferior tocan pequeñas guitarras y cantan de tiples, y los otros dos, uno con guitarra y otro con arpa, hacen de tenor y bajo. Al llegar el Araceli al tablado recibe el sacerdote el alma de la Virgen, representada por una pequeña imagen, y se eleva el aparato con lentitud, mientras los que van en él entonan las estrofas marcadas en la partitura hasta que traspasa y se cierran las puertas del cielo, que enton-[13]ces rompe á tocar el órgano, en tanto que la multitud grita de contenta y aplaude entusiasmada, dándose por terminado el primer acto de la farsa. ________________________ El día 15 por la tarde se representa el segundo acto de la festa en el mismo sitio; pero antes, por la mañana, tiene lugar la procesión, conduciendo el cadáver de la Virgen, celebrada con gran solemnidad, y que bien merece mencionarse. Toman parte en esta manifestación religiosa muchísimos fieles, tanto de la ciudad como de su campo, empezando las parejas, sueltas ó en grupos, á seguir la carrera en la procesión con velas encendidas, y cumpliendo promesas, á las cuatro de la mañana. A las sietes y media llegan á la iglesia el caballero noble y los dos abogados electos, acompañando desde la ermita de San Sebastiàn á los Apóstoles, las dos Marías mudas y los ángeles, y en seguida empieza á organizarse lo que pudiéramos decir el final de la procesión. Después de un buen número de procesionistas, pendones, estandartes y cruces, van San Juan con la palma, la Virgen muerta, conducida por cuatro Apóstoles, y el palio, cuyas varas lleva el resto del apostolado. El sacerdote que preside, colocado entre el diácono y subdiácono, representa á San Pedro, pero no con el traje en que figuró en el acto del día primero, sino con capa pluvial blanca como preste, zapato con hebilla de plata, y en la cabeza peluca, barba entrecana y el nimbo dorado, conservando en la mano las llaves del cielo que sacó en la festa. Siguen al Santo las Marías mudas y los ángeles de almohada y manto, cerrando la procesión el Ayuntamiento con maceros, presidido por el Alcalde y escoltado por la banda municipal. ________________________ El segundo acto de la festa es más breve que el primero, que dura dos horas. Las campanas de la iglesia tocan á coro como en el día precedente, y, terminadas las horas canónicas, á las cuatro de la tarde da principio la representación. La Virgen yace en su cama, que está colocada en el lado contrario en que quedó el día primero, es decir, en el de la epístola, y el sepulcro, situado en el centro del tablado, inmediato al lecho, aparece con un zócalo y barandilla, necesarios para ocultar la tramoya del Araceli en el escotillón. A la hora dicha entra por la puerta de la plaza de Santa María el [14] Ayuntamiento, presidido por el Alcalde, colocándose en el mismo estrado que ocupó el día anterior, y poco después el caballero noble y los electos con los Apóstoles, presididos por San Juan y San Pedro, siguiéndolos las vírgenes mudas y los ángeles de almohada y de manto. La música municipal tocando, acompaña á los actores hasta la puerta de la iglesia. Los apóstoles suben ordenadamente al tablado en que se ejecuta la representación; besan los pies de la Virgen y empiezan los cantos del Consueta, acompañados unas veces por el órgano y otras por un trombón. En este momento de la representación tenía lugar la escena llamada judiada, suprimida hace mucho tiempo, y que el Sr. Fuentes describe en estos términos en su notable Memoria, ya citada:4 «... La judiada, que ahora no se ejecuta, consistía en un grupo de hebreos ó judíos que cantando en el andador, venían á impedir la solemnidad del entierro de la Virgen: San Pedro y San Juan salían á su encuentro, desenvainando unos alfanjes; los judíos hacían lo propio sacando sus armas, al trabar empeñada lucha, en que los últimos, con los dedos hechos garfios y quedando vencidos, confesaban la fe cristiana, pidiendo el bautismo, que les administraba San Pedro, teniendo la palma en la mano; luego cantaban arrodillándose ante la imagen y simultáneamente con los Apóstoles.» Antes de terminar sus cantos los Apóstoles, entra en el tablado el clero parroquial, con cruz alzada y velas encendidas y se hace el entierro procesional de la Virgen alrededor del sepulcro, siendo conducida Nuestra Señora por cuatro Apóstoles; otros llevan el palio, y San Pedro preside con capa pluvial blanca. Después de sepultada la Virgen siguen los cantos hasta el momento oportuno que indica la partitura, en que el Arciprestes hace la señal con el pañuelo y abriéndose las puertas del cielo aparece el Araceli descendiendo con lentitud, al mismo tiempo que la concurrencia aplaude estrepitosamente. El aparato baja con las mismas partes que subió el día anterior, llevando el sacerdote la pequeña imagen que representa el alma de la Virgen, y entra en la sepultura, abierta en el tablado, que se encuentra en aquel momento rodeada por los Apóstoles. Mientras se prepara la operación dentro del sepulcro vuelven á abrirse las puertas del cielo y aparece la Trinidad, grupo de tres personas, que queda suspendido á más de veinte metros del piso de la iglesia con el propósito de recibir á la Virgen y cantando las estrofas del Consueta. [15] Al volver a elevarse el Araceli, con mayor lentitud, aparece sustituído el sacerdote por la verdadera imagen de la Virgen, sin la mascarilla de cera con los ojos cerrados, y se detiene en mitad de la altura que tiene que subir; entonces entra Santo Tomàs aceleradamente por la puerta principal en la iglesia, lamentándose de su falta de asistencia al acto en las estrofas que terminan.
Sigue subiendo muy despacio el Araceli, y cerca ya de las puertas del cielo, próximo á la Trinidad, es cuando tiene lugar la escena que más entusiasma al público: la coronación de la Virgen. El sacerdote que en la Trinidad hace de Padre Eterno, deja caer una gran corona de plata que lleva en sus manos, sujeta por un cordón, sobre la cabeza de la Virgen, y entonces la banda municipal toca la Marcha real, el órgano suena con los registros de su mayor extensión abiertos, echan las campanas á vuelo, y en medio de una gran gritería, vivas y aplausos, suben las dos alegorías, traspasando las puertas del cielo. Estamos muy conformes con la crítica que el Sr. Fuentes hace en su precitada Memoria de alguno de los detalles de esta festa, y es de sentir mucho que la Corporación municipal no estimara en su gran valía las indicaciones de tan merítísimo cronista: «Una de las cosas que molestan y quitan efecto es que el director y el profesor que toca el bajo vayan al lado de los personajes disfrazados, así como el que éstos canten papel en mano unas estrofas y unos trozos de música sencillísima que todos ó la mayor parte saben de memoria: los personajes del Araceli y de la Trinidad no necesitan director ni traspunte, hágase lo mismo con el Apostolado, encargándose de dirigir y dar entrada, sin aparecer como tal director ó maestro cualquiera de los sacerdotes que desempeñan los papeles de San Juan ó San Pedro: resultan ridículas en extremo las personas de frac y levita, no para acompañar, como sucede con los dignísimos señores caballeros y electos que nunca forman parte del cuadro, sino ya tocando el bombardino entre los Apóstoles, ya al lado de la cama de María dándola el tono y la entrada de sus estrofas y abanicándola al mismo tiempo: á nuestro humilde juicio, el maestro director debe serlo únicamente para los ensayos, y nada más; la obra debe ejecutarse á voces solas, como si se cantara por primera vez; los demás conduce á desnaturalizarla, cosa que puede evitar el muy ilustre Ayuntamiento, feliz guardador de tan tradicional y original festa». También el Sr. Fuentes se lamenta de que la partitura viene alterándose poco á poco, é invita al Ayuntamiento á que prohiba de ahora en adelante á los directores hacer aumentos y supresiones con pretexto de complementarla ó perfeccionarla. [16] Todas estas atinadas indicaciones las hacemos nuestras. La festa de Elche es una hermosa página de nuestra historia, que el pueblo ha sabido conservar á través de los siglos y de las vicisitudes porque hemos atravesado, y debe procurar que se sostenga en toda su pureza, dando en ello prueba de una cultura incomparable. Los que á ella asistan deben considerar que el acto que presencian pertenece á una generación española tan civilizada, que estaba sobre el nivel intelectual de todas las naciones, y que debemos tributarle toda clase de respetos y honrar su memoria. Los que así no lo consideren, los que á la festa de Elche no dan toda la gran importancia que tiene desde el punto de vista histórico y literario, es porque quizá no han llegado todavía á comprender el valor que la costumbre y la tradición tienen en la vida de los pueblos civilizados. Antes de terminar, tanto en nombre de mi compañero de excursión D. Gustavo Bushell, como en el mío, damos las más expresivas gracias á los Sres. D. Manuel Pomares, á su discreto hijo el joven abogado del mismo nombre, á D. Andrés Tarí, D. Pedro Ibarra, D. Francisco Bushell y D. Manuel Aznar, que con gran interés no facilitaron los medios de presenciar el espectáculo lo más cómodamente posible, y procuraron con éxito que nuestra estancia en Elche fuera agradable y nos dejara un buen recuerdo. Adolfo Herrera Madax, 28 Agosto 1896
________________________ PUBLICADO EN EL «BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES» TIPOGRAFÍA DE J. LACOSTE FOTOGRAFIAS DEL MISMO Y DE LOS SRES. GONZÁLEZ Y PICO DE ELCHE Y LITOGRAFIA DE A. USER – MADRID 1905.
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* Biblioteca Marítima Nacional de Santa Pola, Madrid, 1905 (reedició de l'article publicat en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Madrid, 1896). 2 Este artículo se escribió en 1896 y desde entonces fué marcándose cada vez más el estado de ruina del templo hasta que después de la festa de 1903 fué cerrado al culto por los fundados temores de que ocurriera un hundimiento. En estos días, fines de 1905, las obras de reparación están casi terminadas, se han hecho por los planos y bajo la acertada dirección del famoso arquitecto ilicitano D. Marcelino Coquillat y Llofin [sic], que reside en Barcelona.— Nota del editor. 3 En 1903, último en que se verificó la festa que habrá de reanudarse el año próximo, por inciativa del Alcalde D. Tomás Alonso Blasco, se colocó en el anillo toral, por encima del telón, una espesa red bien sujeta á la bóveda, que puede decirse garantiza la vida de los que toman parte en tan arriesgados trabajos.— Nota del Editor. |