Tornar al Portal La Tramoia

 PERE IBARRA                                 

Articles sobre la Festa 

 

NOBLEZA OBLIGA*

 

 

   No todos los pueblos tienen en su abolengo, la brillante estela que tiene Elche para ser reverenciados por los forasteros. No todos los pueblos pueden ostentar un cúmulo de grandezas artísticas com Elche las tiene. No todos los pueblos son visitados por turistas de todo el universo, que, poseídos del pasado histórico que con elocuencia suma han esculpido con letras de oro en el libro de la Historia de España, vienen para admirar el famoso palmeral; vienen también para algo más grande; vienen para gozarse en la representación de nuestra inmortal Festa.

   De muchos años, en mi juventud, hace medio siglo, la Festa se representaba con los escasos elementos artísticos que el celoso Maestro de Capilla D. Francisco Antonio Aznar podía acaparar, valiéndose de mil estratagemas para redondear el cuadrito artístico, del espectáculo. Suprimida ya, de muchos años antes, la judiada, tan solo los primeros papeles eran los de empeño. El público, público compuesto de gentes sencillas que venían del sud oranés y de otros puntos para verla coronar; gentes de este silencioso campo que se extasiaban con solo ver flotando en el ambiente tibio de Santa María unos brillantes fragmentos de talco, y que eran, en suma, los mismos devotos que en masas incontables acompañaban los Pasos de Semana Santa y llenos de ferviente entusiasmo aplaudíamos la esforzada actuación de la trencà del guió, y la solemnísima esplosión de amor sublime en Santa María, el sábado de gloria, y con delirante entusiasmo seguíamos jadeantes al pelat de la barca, en ruta estupenda con hermosos carros triunfales en aquellas memorables fiestas de la Venida, y las eternamente históricas del gloriosísimo Centenar...

   Elche ha cambiado por completo. Elche no ha podido, ni sabido, ni debido resistir la enorme avalancha de todo el esfuerzo humano, tanto material como intelectual, que ha dado al traste con sus luengas tradiciones. Elche posée una joya que bien sabe Dios lo que me apena QUE SEA CONOCIDA, que sea analizada por la crítica feroz literaria, artística, que arranca las pinturas de sus lechos eternos, las estatuas de sus corroídos pedestales, las partituras de sus humildes escenarios. Detesto a los reformistas, que a pretexto de corregir, de mejorar, de restaurar, de embellecer una obra artística, meten mano en ella y la destrozan. Soy arqueólogo, soy conservador, soy admiraador del arte, en su esencia divina, del arte, en su pristina pureza impregnada de esa pátina sublime que los siglos han impreso sobre sus obras; sus obras que un respeto secular, ha ejecutoriado con carecteres indelebles en el corazón del pueblo.

   Nuestra Festa no admite retoques; no resistiría la más ligera profanación, a pretexto de ser corregida, de ser mejorada, de ser instrumentada polifónicamente. Perdería su idealismo sentimental; se bastardearían las sublimes notas de su elevado misticismo y el canto tomaría un aspecto teatral, profano, terreno. Su escenario no puede ser otro que el templo. Fragmentos sobresalientes del Consueta han sido ejecutados en salas de concierto, y... no han gustado a los inteligentes: es decir que la Festa, la partitura, la música del sublime Drama ha de ser oida bajo la bóveda inmensa de una iglesia, donde en lo alto, sencilla, fina de color, y de una suave entonación, despliegue el Empíreo una nota de simpático amor celestial; un recuerdo, y recuerdo de efectiva emotividad, para un cielo de tela con una sencilla trampa de corredera que nos lleve al siglo XVI: con un aparato global de fuego, que sea como nube portadora del celeste mensagero cuya aparición entre los casquetes entreabiertos de la mangrana, el brillo del oropel que fascina al creyente sencillo, logre concentrar la húmeda mirada de siete u ocho mil personas, que todas sienten, que todas creen y que todas se extasían al unísono; que todas se arroban sin tiempo para pensar, que aquello es una ficción; que aquello no es una realidad, pero que así ha podido ser: que aquello no resiste un escalpelo tajante y frío, pero que hiere con su poderosa emotividad el noble y leal corazón del creyente que al solazarse en la contemplación de un espéctaculo que les llena los ojos de lágrimas; al oir unos cánticos que les oprime el corazón de inefables congojas; al recordar que sus padres y abuelos, vertieron, como ellos, lágrimas de amor a La Exaltada, prorrumpieron en vivas imponderables a La que supo triunfar por sus virtudes, a La que es eternamente coronada, La que sube Inmaculada a ocupar sus sitio preferente a la derecha del ÚNICO... ¡Ah! El buen ilicitano cae de rodillas, llora, y reza y... crée.

   ¡Oh, poder mágico del Arte! Tú fuiste enaltecido por el sublime canto de los Hermanos Arvales, allá en el alborear de la civilización! Tus notas armoniosas auyentaron de la «Selva negra» a los oscuros genios del mal. Tu fuistes venerado y enaltecido por los grandes Sacerdotes del Arco de la Santa Alianza. Los muros de Jericó se desplomaron al furioso resonar de sus trompetas. Tus notas vibraron al unísono del fragoroso tronar que en el Sinaí oyó el Pueblo escogido al abandonar su verdadero Dios cuando Moisés recibió contrito el primer código legal de manos de la Divinidad. Tú recibistes de los adelantados helenos, la métrica sugeción de los cantos orientales; sus cantos difundieron por Occidente el ritmo y la cadencia que andando los siglos habían de inmortalizar a Palestrina y a Gregorio XVI y cuando la Iglesia, que al heredar aquella tradición de arte, estableció reglas fijas para su adaptación al culto de un solo Dios, destruyendo con el culto idolátrico, los cantos profanos, y con los cantos profanos las torpes leyendas que oscurecieron por siglos el puro sentimentalismo de una Redención que levantó a los humildes y aniquiló a los perseguidores, entonces, el arte tomó un carácter de sublime expresión peroduciendo obras inmortales. A la Iglesia se debe el resurgir, la exaltación del arte músico, como se la debe el pictórico, com se la admira en sus portentosas esculturas, en sus maravillosos edificios.

   Nuestro Consueta es un Poema músico; de tal lo han definido los Maestros del divino Arte. Unico en su clase, mereció, cuando la Iglesia expurgo las muchas y livianas producciones que en una abusiva costumbre había transformado en Teatro libre la Casa de Dios, que fuera respetada. Hoy, que Elche se ha dado cuenta del mérito artístico de la Festa y de lo que para su natural orgullo patrio representa su celebración, como número de mundial atracción, debemos pues, respetarla, conservarla, procurando representarla de la mejor manera que nuestros medios económicos lo permitan, evitando en grado sumo, que un pueril abandono la deje en mitad de la calle de donde fácilmente sería recogida por los mismos asaltadores de históricas ranciedades, que se aprovechan de la ignorancia del poseedor para alcanzar su propósito. Acordémonos del Busto.

   Bien hayan las autoridades que haciéndose cargo de lo que a Elche enaltece la representación de la Festa procuren porque no caiga en el olvido.

Pedro Ibarra
Archivero Municipal y Cronista.
Correspondiente de la R. A. de la Historia.

 

_________________________

 

*   Periòdic El Ilicitano, Elx, 09-08-1931.

 

 

TORNAR