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LECCIÓN
XXXI
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I Dígase que es nuestra más preciada joya. Ignórase quién es su autor, pudiendo solo conjeturarse, por el estudio crítico de tan precioso monumento, que no es posterior al siglo XV. Manténgase con verdadero interés por todos nosotros y por nuestros sucesores, la ejecución de la fiesta de Agosto, y evítese muy mucho, que mano torpe y atrevida, profane tan sacrosanto monumento, pues las reformas, quitan caràcter, y los siglos que sobre ella pasen la dan importancia, ya que en España no existe drama litúrgico en acción, que pueda colocarse al lado de esta maravillosa obra de arte. Si para el literato y para el artista presenta nuestro Auto sacro-bíblico, ancho campo digno de admiración y de estudio... ¡qué no ofrecerá para los forasteros que uno y otro año concurren á la fiesta, con fé sincera, ardiente y legítimo entusiasmo y solicitud amorosa! ¡Qué no ofrecerá para el sencillo labrador de nuestros campos, que presuroso acude á ocupar preferente sitio que le permite gozar á su labor el sublime espectáculo! ¡Qué no ofrecerá para los que hemos nacido en esta tierra bendita, sombreada por las esbeltas palmeras, arrullada por las brisas marinas que orean nuestras ardorosas sienes! ¡Qué no ofrecerá para esos millares de niños que alegres y estáticos contemplan con admiración embelesadora, la aparición de la Mangrana en la puerta del cielo, y frenéticos aplauden cuando majestuosamente abre sus movibles segmentos y el celeste mensajero derrama luminosa lluvia de oro! ¡Qué no ofrecerá para los que conservamos puro en nuestro pecho el bálsamo que cicatriza las heridas del alma, la fé que nos matiene en nuestro áspero camino cuando llega el supremo instante en que simbólica Trinidad Beatísima recibe como Señora y corona como Reina de cielos y tierra á la Madre del divino Amor, y el Gloria Patri et Filio..., resuena en el espacio, y rompe la música, y el pueblo arrobado prorrumpe en vítores y aclamaciones!...
II Inaugura esta clásica fiesta la tradicional Alborada que anualmente se verifica. Ya durante todo el día 13 de Agosto, presenta Elche inusitado movimiento. La llegada de los primeros forasteros; la colocación de la feria de cera y juguetes y el alegre aspecto que ofrece nuestro mercado, ocasionan motivos bastantes para que grandes y chicos nos pongamos en acción. La compra de cohetes y de otros vistosos artefactos de pólvora, y sobre todo la de la imprescindible sandía, son el tema capital de todas las conversaciones. Llega la noche y toda la animación que durante el día ha reinado por calles y plazas, se traslada á las azoteas. Es la nit de l'labá. Confuso rumor percíbese en todos los terrados. Al majestuoso firmamento, casi siempre limpio y tachonado de fulgurantes luminares, ascienden rápidos miles de cohetes, que saliendo continuamente de todos los puntos del horizonte, se entrecruzan en el espacio formando maravilloso espectáculo. Alguno que otro globo pasa sobre nuestras cabezas. La accidentada silueta que ofrece la confusa extensión de nuestros elevados observatorios, nos la presenta á la mirada como fantástica población formada por erguidas torres y enormes castillos. La extraña gritería que acomapaña el incesante disparo de bengalas y otros mil caprichosos fuegos, nos transportan a la contemploción de mágica y original pelea. Semeja a ello descomunal combate librado por Genios del abismo contra los celestos habitantes. Suspéndese por algunos minutos la maravillosa ascensión de los fugaces y voladores fuegos, cuya rápida existencia simboliza exactamente la nuestra, para celebrar el sacrificio y consumación de la tradicional, clásica, sabrosa y tierna víctima: la voluminosa sandía. ¡Noche imperecedera! ¡Noche memoratísima! ¡Noche insigne! ¡Qué recuerdos tan amargos se agolpan á mi mente! ¡Cómo acuden en tan solemnes instantes á la memoria, la imágenes de aquellos seres que tanto amé! Calendureta da tres vibrantes golpes sobre su pequeña campana. Inmeditamente profundo cañonazo se deja oir, y rápida estalla en el zénit de la Casa Capitular vistosa bomba de luces de colores. En los terrados que sostuvieron el contínuo coheteo, queman como digno remate, bonitos castilletes y fantásticos torbellinos. Cesan los fuegos. Reina el silencio; ese silencio que precede á los grandes acontecimientos. En lo alto, las diamantinas estrellas, brillan con todo su fulgor. Aquí bajo, un mismo pensamiento anima á todos los illicitanos, un mismo afecto mueve nuestros corazones. Con la primer[a] campanada de las doce, resuena estruendoso ¡Viva la Mare de Deu! que sale de todo Elche, al que soberbiamente responde vistosísima palmera de cohetes, que brota majestuosa de la torre del Concejo, produciendo momentáneo y sublime espectáculo, cuyas tronantes notas finales se confunden con el general campaneo y las sentides preces que elevamos contritos á nuestra Excelsa Patrona, anunciándole que su pueblo querido se prepara á obsequiarla.
III Entremos en el templo. Numerosa concurrencia ocupa todo el espacio libre, capaz para una sola persona. Desde la puerta mayor, mantiénese libre el paso que conduce al crucero de la iglesia limitado por elegante balaustrada. Debajo de la cúpula álzase el tablado para la fiesta. Encima de éste, la cama que ha de servir á su tiempo de lecho funerario para colocar la imagen de la Virgen. Vénse á los lados de la nave y colocados en los pilares de la misma, el simbólico bosquecillo que representa el Huerto de Getsemaní; la montaña que figura el Calvario y el sepulcro que recuerda aquel desde el cual resucitó el Señor. Desaparece la cúpula detrás del inmenso lienzo que representa la mansión celestial, dispuesto de manera, que abriéndose en un momento dado por la disimulada puerta del figurado Empíreo, ora da paso á un inmenso globo llamado Mangrana, (granada,) por el pueblo, formado por dos piezas de madera octogonales (y separadas el espacio suficiente para caber un niño) sujetándose á la superior y convenientemente enejados, ocho segmentos movibles, que abren por medio de tirantes, dejando ver en su interior, cubierto de oropel, al celeste mensajero que lleva á la Virgen la simbólica palama: ora un original y típico templete (Aracæli,) en cuyo va colocado el sacerdote que lleva en sus manos la pequeña imagen representando el alma de la celestial Princesa rodeado de muchachos que figuran ángeles pulsando arpas, cítaras y bandolines; ora finalmente, otro aparato semejante, en el cual la Trinidad Beatísima, saliendo al encuentro de la Virgen sin mancilla, en su gloriosa Asunción, le ciñe la corona de Reina y Emperatriz de cielo y tierra. ACTO 1º.- La fiesta da principio en la tarde del día 14 de Agosto, cuando después de cantadas víspera y completas, entra en el templo por la puerta principal con gran acompañamiento de Angeles, Marías y Electos, el que tiene á su cargo el papel de la Madre del Salvador, y postrado de hinojos ante el tablado, á la vista de los objetos que les recuerdan los actos principales de la Pasión, el huerto de Getsemaní donde Jesús fué preso por la desenfrenada soldadesca: el sagrado leño en que dió su vida para redimir al género humano: y el sepulcro, del cual resucitó al tercero día, rodeado de gloria y explendor, exhala sentidas quejas que revelan el estado de su corazón lacerado por la soledad.
Apenas ha expresado la Virgen tan ardiente deseo, desciende dentro del maravilloso globo el enviado del Señor (en tanto que el órgano en el interior del templo, y en el exterior las campanas dejan oir sus sones armoniosos) y después de saludar a la Reina del cielo, le manifiesta que el Unigénito la espera en la mansión celestial, para más ensalzarla y enaltecerla: que ella subirá pasado el tercer día, y que por encargo del Omnipotente le trae una palma que deberá disponer que lleven delante de ella cuando la conduzcan al sepulcro. Regocijada por tal anuncio, contesta la Virgen:
Por obra del Todopoderoso llegan los Apóstoles, provenientes de los distintos confines del mundo, al tiempo que se cierra el globo, desapareciendo el Angel en el cielo. Entra el primero San Juan, á quien la Virgen ha legado aquella palma misteriosa del cielo descendida, encargándole que la lleve delante de ella, cuando su cuerpo sea conducido á la tumba, y el discípulo amado, besándola y poniéndola sobre su cabeza en muestra de veneración, exclama:
Y dirigiéndose después hacia la puerta por donde van entrando los demás apóstoles, añade:
Entra luego San Pedro, al cual siguen otros seis discípulos, y después de haber hecho aquél una breve relación y dado todos á la Madre del Divino Maestro, muestras de afecto y respetuoso amor, aparecen San Jaime y otros dos Apóstoles, y juntos cantan desde el pié del tablado, un himno de gratitud al Salvador que por milagrosa manera y sorprendente misterio los ha reunido instantáneamente, conduciéndolos desde las distintas tierras en que andaban predicando su doctrina.
Cumplidos los votos de la celestial Princesa despídese de los discípulos de su Divino Hijo, truécase la figura del que representó el papel de María, por una imagen corpórea que ocupa su lugar en el sagrado lecho, cantan los apóstoles, mientras desciende de lo alto el Aracæli, y en tanto un coro de elegidos entona lo que sigue:
Remóntase de nuevo la nube, llenan el ámbito del templo los majestuosos sones del órgano; las campanas llevan la buena nueva al recinto de la población y su campo, y termina la representación entre los vítores de la enternecida muchedumbre y las salvas de los que permanecen á las puertas de la iglesia.
IV ACTO 2º.- Carácter muy distinto ofrece la segunda parte, ó sea la Asunción, que se representa en la tarde del día 15, después de cantadas Vísperas, (habiéndose verificado en la mañana del propio día solemne procesión de entierro por las calles de la ciudad, conduciendo el lecho mortuorio en que va puesta la Virgen,) aparecen en el templo los apóstoles, escepto Santo Tomás, acompañados de gran séquito de Angeles, Marías y Elegidos, que permanecen en el corredor, en tanto que aquéllos, subiendo al tablado, después de haber prestado adoración á la Virgen y convenido en invitar á las piadosas mujeres para que acompañen al cadáver de la Madre de Dios, dirígense a su encuentro, y reunido todos toma San Pedro la misteriosa y simbólica palma, y entrégala a San Juan, y puesto de hinojos alrededor del lecho funerario, cantan lo siguiente:
Terminada la plegaria y entonando el Salmo In exitu Israel de Aegipto, toman en brazos los apóstoles el sagrado cuerpo, á tiempo que por el extremo opuesto del corredor, haciendo visages y carantoñas, aparece gran golpe de judíos1 que canta lo que sigue:
Lejos de acceder á ello los apóstoles, que al verlos han descendido del tablado, les impiden avanzar, hasta el punto de que desenvainando San Pedro el sable, traba con ellos singular pelea, de la cual salen vencidos, de manera que con las manos cruzadas y en alto, marchan en pos de los discípulos, y puestos de rodillas adoran á la Virgen, en tanto que dicen:
Al oir semejante petición, exclaman los apóstoles:
Y los judíos responden:
Y terminan cantando el siguiente himno:
Toman en este momento los apóstoles la imagen en brazos, y llevando sendos ciriales cuantos constituyen el acompañamiento, incluso los judíos, simulan la procesión de entierro cantando de nuevo las palabras del salmo indicado, hasta que dada una vuelta entorno al tablado, y ocupando la imagen el lugar primero, entonan nuevo canto, adorando otra vez el cuerpo de la Virgen:
Y al mismo tiempo que dan sepultura á la imagen, desciende el Aracæli sonando arpas y bandolines y parándose cerca de la boca del sepulcro y colocando á la imagen en el sitio que ocupa el sacerdote del Aracæli, vuelve ésta á subir dejando oir el siguiente canto:
Al tiempo que el angélico coro entona la postrer estrofa, entra Santo Tomás haciendo grandes extremos de sorpresa y admiración, y apenas ha concluido el canto de aquel, exclama:
Entre nubes de oloroso incienso y copiosa lluvia de perfumadas flores, comienza entonces á ascender el pintoresco grupo, llevando dispuesta la imágen de modo que pueda ceñírsele la imperial corona, mientras que los ángeles, cantando un coro triunfante, el órgano, la música, las salvas, las campanas y el silencioso himno que rebosa de todos los corazones, forman el indiscriptible concierto que acompaña á la Virgen en su gloriosa Asunción.
V Y ahora, dejando para ocasión más oportuna entrar en el estudio y exámen de la Partitura de la Festa ó Consueta, vengamos á tiempos más modernos donde he hallado algunos testimonios que conviene tener presentes y que de momento ofrecen más interés. En primer lugar traduciré, literalmente, la parte dispositiva del Acta de nuestro Consejo, celebrado en Elche el día 11 de Marzo del año 1609, que dice así: «Por cuanto la fiesta de nuestra Señora de la Asunción, que cada año se ha celebrado y celebra en esta villa con tanta solemnidad y aplauso, que tiene por Patrona dicha villa y aquella fuese algún tanto en disminución por los grandes gastos que en sí trae y de la cofradía se recogiese muy poca cosa, por lo cual no se encontraba quien quisiese ocupar el cargo de Mayordomo de dicha Cofradía, por lo cual hubo grandes altercados y se esperaba que dicha fiesta se había de dejar de hacer, lo que no sería razón ni conveniente si que con todo fervor se continue aquella, por ser como es una fiesta tan principal y antigua y que todos nuestros mayores y pasados han procurado de todas veras, festejar y solemnizar aquella, y por ser así mismo la Patrona de esta villa, se ha procurado emprendiese dicha fiesta el Concejo, porque además de lo atendicho, es gran devoción la que esta villa y particulares de ella tienen á dicha fiesta, de tal manera, que dos años que dejó de hacerse dicha fiesta, la una por la muerte del Ilustrísimo Sr. D. Bernardino de Cárdenas, de la presente villa; y la otra por la muerte del Serenísimo Príncipe D. Carlos, hijo del católico Rey, D. Felipe II, Rey y nuestro Señor que santa gloria haya, apedreó y cayó mucha piedra en el término de la presente villa, de tal manera que duró muchos años, que los árboles y pinos no pudieron recobrar lo que habían perdido, y se secaron muchos, por lo cual se vota se haga dicha fiesta cada año y que por ninguna causa se deje de hacer, y teniendo esta experiencia y devoción, deseando que aquella vaya de aumento y que no se deje de hacer, ha procurado este Concejo emprenderla, y hallando algunas dificultades para poder imponer sisas é imposiciones para el gasto de dicha fiesta, por traerse pleito entre dicha villa y su Excelencia el Señor Duque de Maqueda, señor de la presente villa, y habiéndose allanado esta dificultad por mediación de Jaime Ortíz de Gregorio, General, Procurador y Baile de la presente villa, por la mucha devoción que á dicha fiesta aporta y ha tenido, se ha concordado (entre) dicha villa y Señor Duque, que se impongan dichas imposiciones, sin perjuicio de dicho pleito y de los derechos de las partes segùn consta por Provisión de su Excelencia, dada en Torrijos á 18 de octubre del año 1608. Por eso, con la antedicha conformidad, el presente consejo ordena, que de hoy en adelante se emprenda, según que emprende de hacer cada año la dicha fiesta durante el benaplácito de dicho Concejo, según y como se ordenará cada año el día que dicho Concejo más abajo declara, en cuyo día se resolverá y ordenará la fiesta que aquel año se ha de hacer y festejar, para lo cual el dicho Concejo impone las imposiciones con los capítulos y ordinaciones siguiente.» Basta con lo traducido. El día aludido era el 21 de Junio de cada año, en el cual se hacía la extracción de sobresequiero y nombramiento de Electos para que hicieran la fiesta, elegidos del Consejo y con la orden dada por escrito. Y las sisas consistían, en pagar los arrendadores de las carnicerías, medio sueldo (0'10 céntimos de peseta,) de cada res que pesaran. La libra de sedas tejidas pagaría un sueldo. Medio, la libra de quincalla que se vendiese en Elche. Tres dineros por un cántaro de vino forastero. Cada quintal de barrilla que se sacase de Elche ó su término, pagaría dos cuartos, y así otras por el estilo. Su Santidad el Papa Urbano VIII, se dignó aprobar en 3 de febrero de 1632, la celebración de nuestra fiesta de Agosto que anualmente sigue verificándose en Santa María, sin que los Obispos de esta Diócesis puedan oponerse á su ejecución, y dado caso que tuvieran que manifestar alguna cosa en contrario, deben acudir ante el tribunal pontificio. Con motivo de haberse añadido á la festividad en 1712 la solemnidad del Octavario, con sermones cada día y música, se designaron 12 libras, (45 pesetas) cada año, de los fondos del ya existente vínculo del Dr. Caro, para costear dicho Octavario. El Duque de Aveiro dejó por su testamento en 1753, á Nuestra Señora de la Asunción, la cama con su colgadura y seis taburetes. Y en 1760, Francisco Talón, de Mucia, pintó un cielo de lienzo para la función de Agosto. De aquel año son la granada y araceli y demás tramoyas hoy en uso. En 1866, D. José González, hijo de Elche, pintó el actual cielo de la fiesta, por precio de 4500 reales, (1125 pesetas).
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* Historia de Elche, Est. tip. de Vicente Botella, Alacant, 1895. És interessant no oblidar que aquesta Història d'Elx que va escriure Pere Ibarra estava dirigida als estudiants de les escoles d'Elx. Aquest motiu és la causa del to explicatiu i, a vegades, prescriptiu i l'estil ple d'imatges i símils, impregnats de sentimentalisme, que utilitza l'historiador il·licità per a fer clara l'exposició. [N. de la Redacció] |