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LA
"FESTA" DE ELCHE Como
se prepara en la iglesia de Santa María
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Continuaré la descripción de los preparativos para la Festa,
que se celebra anualmente en los días 14 y 15 de Agosto, tomándole en
el punto que la dejé en mi anterior carta.
Puesto
el cielo, se produce a instalar el tablado que sostiene a los
tramoyistas y demás operarios, que, ocultos a la vista del numeroso público,
por el telón que forma aquella pintura, intervienen directamente en el
contínuo cambio de escenas y decorados, según vayan sucediéndose
aquella en la Consueta de la Festa.
Se
principia la faena del día, por abrir el torno de la tramoya, o sea el
doble cabrestante, compuesto de dos cilindros de madera, articulados con
engranajes de bronce y hierro, provistos de esperas de seguridad, que
uno sirve para el vuelo del Ángel y después para el Araceli, y el otro
para la Cornación. Cuatro forzudos albañiles se cogen a las manijas de
los cilindros, que arrollan las gruesas maromas de excelente cáñamo,
gruesas de 0,06 de diámetro, forradas de tela azul. El torno està fijo
en el terrado del presbiterio. Construido sobre el terrado de la
iglesia, existe un pabelloncito, donde se conservan de un año para otro
todos los enseres y maderos de la Festa.
La
primer pieza que entra en juego, es, una enorme jácena de pino, larga
de seis metros, que es entrada a brazos, por el primer ventanal de la
derecha, junto a donde está situado el torno indicado más arriba. El
extremo de esta enorme traviesa, se apoya en el gran cornisón, sobre
que va sujeto el cielo, y descansa en rodillos. Poco a poco van enpujándola
por detrás, hasta que, los que guían la extremidad delantera, logran,
(franqueando la ventana del centro del cimborio, o sea aquella por donde
saldrán luego las maromas), llegar a la otra que sigue, o sea la
primera de la izquierda de la puerta del cielo. Ya sentada esta viga en
su sitio y bien encuñada en sus dos puntos de asiento, se procede a
colocarle dos traviesas que salen rastreras de la ventana del centro y
que pasan por encima de la jácena, saliendo enmedio del espacio como
dos metros. El extremo posterior de estas dos piezas, queda fuertemente
sujeto con cordeles a unas gruesas anillas de hierro que van empotradas
en la pared, junto al piso exterior del ventanal. Colócanse además,
por vía de respeto dos maderas cuadradas, que verticalmente se
apuntalan en estas dos traviesas, y que encajan por extremo opuesto, en
unas muescas abiertas en el arquitrabe del ventanal. Por último, un
tronco de olivo sin labrar, grueso com el de un hombre, es atado sobre
los extremos indicados de esta traviesa dejando libre un poste que aloja
dos poleas, para variar el tiro del torno, que viene horizontal, en
vertical, hacia el vértice de la cúpula de la iglesia, alojamiento de
la gran cábria de que luego me ocuparé.
Ya
sujetas estas dos vigas maestras, cabalgan sobre ellas dos operarios,
que, caminando a horcajadas se sitúan sobre los extremos que salen allá
fuera, sobre aquel cielo de tela, que con ser de lona fuerte, no
resistiría su pese, si por desgracia perdieran su serenidad y se
vinieran abajo. Los extremos de estas vigas llevan clavadas dos fuertes
anillas, que sirven para atar unos tirantes que se sujetan con otras
clavadas en el muro de la rotonda; situados los operarios en el extremo
de las salientes vigas, colocan una pieza de madera que lleva unas
muescas y agujeros que permiten fácilmente, con ayuda de cuatro golpes
de maza y unos roblones hembrillados, sentarla en su sitio. Queda, como
operación final de sostenimiento del tablado, colocar otras dos vigas
que traban unos àngulos exteriores de este recuadro, con dos topes
sobre las ventanas donde descansa la gran jácena, formando el conjunto
un sólido trapecio que imposibilita ladearse el bastidor del centro. Ciérrense
los huecos con tablas de medio grueso, clavadas en sus mordidos extremos
por el largo uso. Colócase un tabloncillo sobre la derecha de este
tablado, a manera de contrafuerte; cubierto este pequeño espacio, se
observa que es el andaoret o paso de entrada al tablado. Cúbrase,
sin clavar, el piso, en el punto donde luego irá situado el bastidor de
la puerta del cielo. Terminado ya el piso, bien encuñados los huecos,
clavados los extremos de las tablas y todo bien registrado se procede
entonces al montajde la cábria.
Dos
vigas de pino virgen, gruesas como palos de barco y largas de cinco
metros, unidas en su extremo superior por un pasador de hierro, son
armadas sobre tablado. Las fatigas, los sudores que se pasan para elevar
aquella cábria, no tienen número. Claro está, que si se trabajara con
menos exposición de la debida, la faena no resultaría tan pesada. De
un año en otro se habla de comprar una red metálica o bien de cáñamo,1
que, extendida sobre el gran vano de la cúpula, ofreciera segura apoyo
al infeliz que tuviera la desgracia de caer. Pero la escasez de
recursos, por no decir el abandono con que nuestros municipios vienen
celebrando esta fiesta, nunca lo ha permitido. Y este año, no tenemos
perdón de Dios los illicitanos. Este años, que D. Felipe Pedrell, no
contento con haber dado a conocer en Europa nuestra Festa, se había
propuesto ayudarnos eficaz y positivamente al mejoramiento, restauración
y conservación de todo lo a ella referente; este año, hubiera sido una
verdadera satisfacción para los amantes de estas efímeras glorias,
el haber podido corresponder dignamente al pensamiento del eminente músico.
Háse propuesto este señor publicar un libro con toda la partitura de
la Festa, íntegra, la letra y todo cuanto se hubiera relacionado
con la obra este, enriqueciendo el volumen con estudios crítico-comparativos
de otras obras similares, y notas de un color inmenso, recogidas por el
Sr. Pedrell en sus viajes artísticos. Pues bien, todo este hermoso
conjunto, lo cede gratis al eximio artista, para mayor gloria y decoro
de la Festa. Se publicaría el libro y el autor regalaría la
propiedad para que con el producto de la edición o ediciones que se
pudieran hacer, restaurando tan deteriorados armatostes, ir vistiendo
con indumento propio el apostolado, y haber, en una palabra, resucitado
la Festa a sus orígenes. Y después de todo esto, hubiera venido
él en persona, a enseñarla y dirigirla!!! _________________________
Crea usted, querido Director, que me pongo de mal humor cuando
pienso en ello. Hice propaganda. Publiqué en el periódico local la
correspondencia que crucé con el Sr. Pedrell. Suscribieron el
pensamiento una docena de notables, y... nada más. Ello no se ha hecho.
¿Cómo remediar este abandono? Ni municipio, ni clero, ni quien por su
carácter podía y debía tomar la cosa a pecho, lo ha llevado a efecto.
Tan noble oferta, tan señalado servicio como el Sr. Pedrell nos iba a
deparar, temo que se pierda envuelto en el cúmulo de asuntos que llaman
la atención a mis paisanos, con más atractivo que el restaurar esta antigualla.
Ocultábase
el sol tras la sierra de Crevillente, cuando abandonamos el terrado de
la iglesia de Santa María, suspendiendo para otro domingo la prosecución
de los preparativos para la Festa. PEDRO
IBARRA RUIZ 27 Julio 1901.
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* Las Provincias, València, 03-08-1901; reproduït a Nueva Illice, Elx, 15 i 22-08-1920. 1 Por el actual alcalde D. Tomás Alonso, que también lo fué en 30 de Mayo de 1902, se mandó hacer la red que hoy se coloca. |