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2.1.1. La Vespra
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El primer acto de la Festa o Misterio de Elche da comienzo, a las seis de la tarde del 14 de agosto, con un cortejo que traslada los cantores que intervendrán en la representación des de la ermita de San Sebastián hasta la iglesia de Santa María. Este cortejo está formado por la Banda de Música «Ciutat d'Elx», que interpreta el pasodoble El Abanico del músico ilicitano Alfredo Javaloyes, los caballeros Electos y Portaestandarte con el arcipreste de Santa María, los cantores, los miembros del Patronato del Misterio de Elche y las autoridades civiles.
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Dentro ya de la iglesia, después que los caballeros Electos y Portaestandarte y el arcipreste se hayan sentado en sus respectivos asientos, la María, acompañada de María Salomé y María Jacobé y de un cortejo de seis ángeles, (todos ellos representados por niños) comienza expresando, al inicio del andador y tras pedir la ayuda de sus compañeros, la tristeza por no estar con su Hijo: Ai,
trista vida corporal!
¡Ay, triste vida corporal! En el ascenso de María al cadafal, que representa su casa, por el andador se detiene ante tres grupos escultóricos, colocados cada uno de ellos en un pilar de la nave, que representan el huerto de Getsemaní, el monte Calvario y el Santo Sepulcro. Al llegar al cadafal, Maria se arrodilla sobre una cama cubierta de velos de seda, situada al lado izquierdo (Evangelio), y el cortejo queda en pie a su alrededor. María desea fervientemente la muerte para poder reunirse con su Hijo: Gran
desig m'ha vengut al cor
Gran deseo me ha venido al corazón
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Acabado el canto se abren las puertas del cielo, simuladas al lienzo pintado con nubes y ángeles que cubre el tambor de la cúpula, y comienza a descender la mangrana (granada), acompañada por el órgano, los coetes y los aplausos del público. Este aparato aéreo de forma elipsoidal, pintado de encarnado y adornado con aplicamientos dorados, se abre en ocho gajos después de traspasar las puertas del cielo i nos muestra en su interior, recubierto de oropel, un ángel con una palma dorada. Este emisario celestial anuncia a María que Dios ha oído su deseo y que le entrega una palma para que la lleven delante de su entierro. Al llegar al cadafal el ángel le da la palma y María le pide un favor: |
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desea que los apóstoles de Cristo se junten alrededor suyo para enterrar su cuerpo. El ángel le comunica, mientras asciende al cielo, que Dios quiere que así se haga. Mientrastanto, el cortejo mariano se sienta en los asientos que hay al lado derecho del cadafal. El
primero en aparecer es san Juan, que entra por el andador
sorprendido (del mismo modo que lo harán el resto de apóstoles) por
encontrarse milagrosamente en Jerusalén, descubre que María se
encuentra en el cadafal y se dirige hacia ella. La abraza i la
saluda. María, a su vez, le entega la palma para que la lleve cuando
vayan a enterrarla. San Juan se da cuenta de la cercana muerte de María
y se aflige dolorosamente: Ai,
trista vida corporal!
¡Ay, triste vida corporal! Oh,
Verge, Reina imperial!
¡Oh, Virgen, Reina imperial! Oh,
Apòstols e germans meus!
¡Oh, Apóstoles y hermanos míos! Sens
Vos, Senyora, què farem?
Sin Vos, Señora, ¿qué haremos? |
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A continuación entra san Pedro (papel interpretado por un sacerdote) por el andador, se da cuenta de la presencia de Maria y san Juan en el cadafal y se acerca hasta ellos, los abraza y los saluda. Al mismo tiempo, entran en la iglesia seis apóstoles y tras ellos otros tres (el denominado Ternari), uno por la puerta Mayor, otro por la de san Agatángelo y el último por la de la Resurrección, entre ellos se encuentra Santiago, el peregrino. Los tres se encuentran en el andador, se abrazan, y se preguntan el por qué Dios los ha reunido en Jerusalén. |
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De
les parts d'ací estranyes
De las partes de aquí extrañas Finalizado
el canto del Ternari, los tres apóstoles suben hasta el cadafal
y saludan a María, san Pedro y san Juan. Juntados todos los apóstoles
alrededor de María, excepto santo Tomás, que no aparecerá hasta el
final de la obra, le cantan una Salve. Tras esto, san Pedro, como
portavoz de sus compañeros, invoca a Dios y pregunta el motivo de tal
congregación. María le responde, con una vela en la mano, que el Señor
los ha traído de lejanos lugares para que entierren su cuerpo en
Josafat. Con la última nota del canto, María cae muerta sobre la cama
y los apóstoles se aprestan a socorrerla. Los tramoyistas de debajo del
cadafal, haciendo uso de un ingenio mecánico, sustituyen el niño
que hace de María por la imagen de la Virgen de la Asunción, que lleva
una mascarilla con los ojos cerrados. |
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Los apóstoles, arrodillados alrededor del cuerpo de María y sosteniendo velas en las manos, cantan esperanzados en la futura resurrección de la Virgen. En este momento, se abren las puertas del cielo, entre el estrépito del órgano y los cohetes, y empieza a descender el araceli, estructura metálica adornada de oropel con cuatro peanas laterales, donde hay arrodillados dos ánegles adultos (a la parte superior) y dos ángeles niños (a la parte inferior), y una central con el Ángel Mayor de pie (papel interpretado por un sacerdote). Los ángeles tocan instrumentos de cuerda (los adultos una guitarra y un arpa y los niños dos guitarros) y anuncian que la Virgen subirá al cielo con ellos: |
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Cuando el araceli llega al cadafal uno de los ángeles del cortejo coge el alma de la Virgen, una pequeña imagen de María colocada sobre su cuerpo, y la entrega al Ángel Mayor. El araceli, recogida el alma, comienza su ascenso hacia el Cielo y una vez ocultos los personajes celestiales tras el lienzo se da por finalizada la «Vespra». San Juan, antes de abandonar el cadafal, deja sobre el cuerpo de la Virgen la palma dorada.
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2.1.2. La Festa
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Como en el día anterior, a las seis de la tarde un cortejo acompaña a los cantores desde la ermita de San Sebastián hasta la iglesia de Santa María. Los apóstoles ascienden hasta el cadafal, después que los caballeros Electos y Portaestandarte y el arcipreste hayan besado los pies de la Virgen, situada sobre una yacija en el lado derecho (Epístola) del escenario, que enesta jornada representa el valle de Josafat. De entre los apóstoles, colocados alrededor del |
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cuerpo de María, se apartan tres, que proponen invitar a las Marías al entierro de la Virgen. Con esta finalidad, descienden cuatro hasta el inicio del andador, donde se encuentra el cortejo mariano desde el principio de la representación, y les ruegan que los acompañen al sepelio de María. El cortejo, agradecido, acepta y se dirige al cadafal, donde se sientan en los asientos dispuestos en el lado izquierdo. San Pedro recoge la palma colocada sobre la imagen de la Virgen y se la ofrece a san Juan, ya que así lo quiso María. San Juan, a su vez, acepta con agrado el ofrecimiento. Tras esto, todos los apóstoles, arrodillados, entonan un canto laudatorio donde piden a la Virgen que no se olvide de ellos en el cielo: |
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Flor de virginal bellesa,
Flor de virginal belleza, Pregam-vos,
cos molt sagrat,
Os rogamos, muy sagrado cuerpo, Se
levantan y se preparan para enterrar el cuerpo de la Virgen cantando el
salmo 114 (In exitu Israel d'Egipto). Aparece por el andador,
al mismo tiempo, un grupo de judíos atraído por el canto de los apóstoles.
Dos de ellos se acercan hasta el cadafal donde descubren como los
apóstoles están preparando el sepelio de la madre de aquél que
condenaron a morir en la cruz. Corren extrañados hasta el grupo y lo
explican con gestos; los judíos, inquietos, se alarman hasta que el
gran rabino alza la voz e interrumpe el canto de los apóstoles: Aquesta
gran novetat
Esta gran novedad No
és nostra voluntat
No es nuestra voluntad E
si açò no fareu,
Y si eso no hacéis, Los
apóstoles, sorprendidos, se disponen a defender el cuerpo de la Virgen
impidiendo que los judíos lo roben. San Pedro y san Juan salen al andador
y luchan con las manos pero, un judío consigue eludirlos y llegar hasta
la yacija donde, milagrosamente, queda paralizado, con las mans gafes
(manos engarfiadas). Los judíos, que se dan cuenta, caen de rodillas
arrepentidos: Som
nós penedits
Estamos arrepentidos Tal
miracle mai
Tal milagro jamás |
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Tres apóstoles, viendo el arrepentimiento de los judíos, les dicen que el perdón sólo es posible si creen en Maria como la madre del Hijo de Dios. Todos los judíos proclaman su fe en la Virgen y piden el bautismo, que san Pedro les concede depositando la palma sobre sus cabezas. Todos juntos se disponen ahora para la procesión-entierro, apóstoles, judíos y Marías, entonando de nuevo el salmo In exitu Israel d'Egipto. Cogen la yacija, el palio y la cruz y dan una vuelta al cadafal, simulando que se trasladan al sepulcro donde descansará el cuerpo de la Virgen. Cuando vuelven a dejar la yacija en su lugar, se arrodillan alrededor y adoran el cuerpo sin vida de María: |
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Ans d'entrar en sepultura
Antes que entre en sepultura Contemplant
la tal figura,
Contemplando tal figura Respectant
la tal figura,
Respetando la tal figura, |
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Se levantan, cogen el cuerpo de la Virgen y lo colocan ante el sepulcro (un gran foso abierto en el centro del cadafal, rodeado de una balaustrada), donde san Pedro la inciensa, y, mientras cantan el salmo citado anteriormente, la introducen en el interior del sepulcro. En este preciso instante, se abren las puertas del cielo, con los sonidos acostumbrados, y empieza a descender el araceli con el alma de la Virgen. «Levantaos, Reina excelente», ordena el coro de ángeles mientras se dirige a unir el alma con el cuerpo y, de este modo, resucitar a María. El aparato aéreo se introduce completamente en el sepulcro, donde los tramoyistas substituyen el Ángel Mayor por la imagen de la Virgen de la Asunción, ya sin mascarilla. El araceli emprende la ascensión hacia el Cielo acompañando a María, en cuerpo y alma («amb lo rostre com lo sol» –«con el rostro como el sol»–, dice el consueta). Pero, a mitad de camino, se detiene tras la aparición por el andador del último apóstol, santo Tomás. Extrañado y sorprendido se da cuenta que sus compañeros se encuentran alrededor de un sepulcro, avanza y descubre, en la altura, la asunción de la Virgen.
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Prec-vos,
Verge excel·lent,
Ruégoos, Virgen excelente, El Padre Eterno, coincidiendo con la última nota del canto, deja caer una corona dorada que los ángeles del araceli ajustan a las sienes de la Virgen, mientras, suena un tutti del órgano, se lanza gran cantidad de oropel desde el cielo que llena todo el espacio y la gente explota en aplausos y vivas a la Asunta. Los apóstoles y judíos, que se han dado cuenta de la coronación, alzan las manos, y santo Tomás y san Pedro se abrazan efusivamente. El araceli continua su camino al Cielo y todos los cantores congregados al cadafal lo acompañan cantando el Gloria. Finalmente, las puertas del cielo se abren y el araceli se oculta con la Virgen. La gente, emocionada, sale de la iglesia. Fins l'any que ve, i tot siga per la Marededéu (hasta el año que viene, y todo sea por la Virgen).
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